de traición en traición

Claudio Lemeillet

 

Buenos Aires - 2014

104 páginas / 14 x 20

ISBN 978-987-45079-8-3

Introducción a los relatos

 

Pensaba en la novedad, en el impacto, en el asombro, en la creatividad de esa idea como un leño generoso y suficiente que lo acercaba a la costa soñada. A decir verdad, la idea era original. Pensar que una gota saborizada, digamos dentro de los matices de las frutas del bosque, pueda ingresar al paladar desde el ojo y que como efecto secundario logre lubricarlo, era para dedicarle algún tiempo más de análisis. Un colirio refrescante, diet, con un envase llamativo, uniformado en el estante de las golosinas, a la altura de los hombros de los niños lo tentaba como un milagro capitalista al alcance de los dedos.

 
María Rosa Maldonado sobre De traición en traición, de Claudio Lemeillet
Prólogo

El viaje de Odiseo
El viaje de Odiseo fue un regreso hacia el pasado. La escritura es el viaje de regreso, la vida fue el de ida ¿Y de dónde se regresa? De la guerra. Pero esta guerra no supone un matar o morir, sino una lucha cuerpo a cuerpo contra el olvido, la pérdida dolorosa de lo amado. Agónica tarea en la que el escritor se juega el alma.
Odiseo va hacia Ítaca para recuperar su vida y su amor.
El regreso, la escritura, es magnífico y cruel. Muchos deben sucumbir para que algunos prevalezcan.
“De traición en traición” podría considerarse un libro de viaje, siempre que entendamos que el viaje, a pesar de sus magníficas descripciones de sitios y tiempos precisos, es interior.
Se trata de la reconstrucción de un yo que jamás podrá reunir todas sus partes porque éstas son cambiantes y van mutando a medida que la misma vida y la narración las transforma.
Por eso la traición.
Pero, qué significa traición. Significa que nunca podré ser fiel, igual al mí mismo que fui. Si recupero una cierta mirada estoy permitiendo el olvido de otra. Nadie puede llegar a la mirada absoluta, salvo el dios. Y el Aleph de Borges.
La limitación es la sintaxis. Y nosotros somos nuestra sintaxis.
Cómo escapar al pensamiento rectilíneo ya que el lenguaje materno lo es. Pero no así la memoria, regreso de aquello que se hundió en el no-tiempo: el inconsciente. La memoria fluye por rincones caprichosos que la lógica rechaza. La memoria. Ella sabe dónde quiere ir, y el porqué.
El texto intenta armar un mundo que se presenta fraccionado y cuya constitución misma es ese fraccionamiento. Intenta salvar los instantes.
Allí es donde el mito, los mitos, vienen a ayudar al escritor diciéndole cómo era todo antes de que él naciera. Porque los mundos nacen junto con las conciencias y son tan múltiples como ellas.
La belleza y la sensualidad de estos textos de Claudio, no está en la palabra -sólo en la palabra- sino en aquello hacia donde nos empuja la palabra. Lo que señala. La innombrable y penosa maravilla de estar vivo. Y de que todo y todos lo sigan estando, ya que el tiempo no es más que una ilusión necesaria.
Lo que hace Claudio, a partir de sus preciosos –en toda la acepción de la palabra- textos, es asir el alma fugitiva del pez, de la piedra, del paisaje, del padre. De esos seres que fueron cercanos y amados y que, por lo tanto, lo siguen siendo.
Él ha entendido que el hombre es ese extraño cuya sombra, según Jung, es la cola del saurio que se arrastra aún detrás de él. Y no como un lastre sino como una riqueza negada.
Elegir, escribir, es hacer uso de esa cierta libertad que no es ni más ni menos que un amor indebido agitando el fuego. Indebido ya que parcial. Pero ese amor salva aquello que reconstruye con paciencia y sabiduría minuciosa.
Y así, la traición se vuelve tradición en el sentido profundo de un reencuentro con el origen.
María Rosa Maldonado
Claudio Lemeillet