el cuerpo: un ensayo

Jenny Boully    

Buenos Aires - 2017

160 páginas / 14 x 20

traducción de Patricio Grinberg

ISBN 978-987-3760-68-6

I

[7] No era que el heladero pasara todos los días; sólo pasaba cuando el chico lo oía pasar.

 

[72] No hay documentación de que le tuviera miedo a los osos, per se; sin embargo, el oso en este sueño es sólo contextualmente un oso:

… entonces este oso entró a través de mi ventana y decidí que no le iba a tener miedo y que debía tener sexo con él y entonces el oso se hizo cada vez más humano. Después, como un hombre, colocó mi pelvis de una cierta forma porque quería que mirara mientras me comía. Yo no quería mirar. No me sentía cómoda, así que fingí que me gustaba para poder cerrar los ojos cuando en verdad no me gustaba nada. Recuerdo haber hecho las valijas porque me cansé de esperar a X y decidí irme sola a Nueva York.

 

[83] Gilgamesh también perdió una bicicleta: “Gilgamesh, hacia dónde vas? Nunca vas a encontrar esa vida que estás buscando”…“Había encontrado una señal pero la perdí”.

 

[102] Si la ventana está abierta, es verdad. Si la puerta se cerró abruptamente, es falso. Si la villana era rubia, agregue a su respuesta cinco puntos más. Si ella estaba tomando un dirty martini, hay que restar 60 puntos por miedo. Si se olvidó su nombre, pierde un turno. Para el amor, el as de espadas: mezclar y volver a repartir, para todo lo demás.

 

 
El caso de la pobre Jenny, prólogo por Mercedes Mac Donnell

Asi como se delinea con tiza blanca el exacto lugar que ocupa un cadaver en la escena del crimen, las paginas invadidas por el vacio de este libro de poemas cuyo subtitulo se enuncia como ensayo, son contundentes: existe un texto, un cuerpo, un poema. O existió, tal como lo evidencian la multitud de notas al pie de pagina que lo comentan con sumo detalle como si el libro realmente tuviese un cuerpo de texto concreto, visible, real, y no uno invisible, escondido, esfumado. Como el cuadrado blanco de Malevich o el 4´33” de Cage, el primer libro de poemas de Jenny Boully sorprende primero y luego –si uno es el lector que estas paginas esperan, como decia Borges- establece una suerte de conexion nueva y unica con cada lector.

El Cuerpo (un ensayo) es un libro caotico, descentrado, inesperadamente erudito, ferozmente introspectivo, que desplaza al lector al espacio mas subterraneo de la pagina y lo mantiene ahi, en los bordes y los margenes, casi como si se tratara de una broma (ver nota 22). La correlatividad y la disparidad de las notas, junto a la lectura inevitablemente subjetiva de cada lector, impiden que la obra se defina como algo cerrado; incluso hacen pensar en aquel juego de lapiz y papel, en el que si uno tiene paciencia y va uniendo punto con punto, pie de página con pie de página, al final descubre cual era la figura oculta bajo la nube de numeros.

Pero se trata de una expectativa irreal. El Cuerpo (un ensayo) es un libro que no existe, que nunca podria conocerse del todo. Lo unico que queda de el son apuntes, pistas, senales, huellas, indicios, referencias de ese cuerpo de texto. Todo minuciosamente exhibido bajo la mirada del lector: como si la poeta hubiera dado vuelta su cartera encima de la mesa, para mostrarnos todo lo que tiene, todo lo que queda del libro: pensamientos dispersos, citas eruditas, fragmentos de diarios intimos, numerosas cartas, instrucciones, listas, relatos de suenos, anecdotas infantiles, memorias traumaticas, trozos de conversaciones, postales, textos literarios y filosoficos.

Todo esta a la vista, todo significa, todo remite: desde Gilgamesh y El ladron de bicicletas hasta Hamlet, Barthes y Heraclito. La misma voz que va, viene, rememora, explica, esclarece, desnuda, exhibe, que deconstruye una historia posible, parece decir: “Esta es toda la evidencia, todas las pruebas: saquen sus propias conclusiones”. Quien sabe, tal vez algun lector, alguna vez, resuelva el crimen (lo cual seria un caso de “ironia dramatica” (ver nota 76: i).

Es imposible no leer este libro sin un minimo de curiosidad, sin poner todo el tiempo en cuestionamiento su naturaleza, su intencion, su sentido, su significado. Leer ya de por si despierta interrogantes, dudas, deseos de saber. ¿Que es lo que se esta buscando (ver notas 10, 65, 83)? ¿Se trata de una historia de amor fallida? ¿Quienes son Tristram, X, G, Andy, la gran poeta? ¿Hubo un crimen (ver notas 76, 91)?¿Es un sueno (ver nota 143) o una obra de teatro (ver notas 58, 132)? Boully empuja al lector a ser receptivo, empatico, entrar en una corriente de atencion, como si fuera un detective analizando pistas, estados de animo, documentos, 7 testimonios, confesiones.

A medida que se avanza en su lectura, leer comienza a parecerse a atar cabos, inventar hipotesis, descubrir detalles: al leer nos imaginamos y nos hacemos una representacion (si no clara, al menos pormenorizada) del texto desaparecido; de hecho, podria decirse que cada vez que alguien lee El Cuerpo (un ensayo), lo materializa, lo hace evidente, lo define (ver nota 8). El efecto literario que se genera es raro, extravagante, magico. Aunque mas no sea brevemente, el libro de Boully provoca atraccion. Uno intenta entender, comprender, saber que fue lo que paso; al igual que si el poema fuese un caso policial que requiere investigacion (“oh, el caso de la pobre Jenny”, tal como escribio Pound, ver nota 28).

Se sabe: toda poesia es por definicion experimental. Pero tambien es cierto que algunos poemas y algunos poetas lo son mas que otros y, entre ellos, solo unos pocos lo son en un sentido propio, unico, distinto a todos. Con este libro, Jenny Boully sin dudas merece un lugar en esa reducida lista.

Mercedes Mac Donnell, 2017

Extracciones: El cuerpo (un ensayo) en Jámpster
Podría afirmarse que la posmodernidad llevará a la destrucción de la poesía (y con ello, de la literatura). Y bueno, ejemplos hay muchos. Aunque, menos mal, los contraejemplos como Jenny Boully, nos hacen tener algo más que una pequeña esperanza en que esto no ocurrirá tan pronto.

En El cuerpo: un ensayo, aparentemente a la manera de David Markson en sus últimas novelas posmo, Boully va más allá, dado que su búsqueda es mucho más ambiciosa —aunque sin dejar de ser sutil— en cuanto a su posible lectura y recepción: a partir de la referencialidad de un texto que no existe, el lector se lleva toda tarea en el proceso de decodificación, cual detective que va juntando pequeñas pistas para construir significado. Bueno, casi toda la tarea; porque maliciosamente Boully mezcla distintos elementos que van desde el subtítulo de “ensayo”,  las citas y pseudocitas culteranas hasta la metarreferencialidad, introduce subrepticiamente varias posibilidades de interpretación, lo que hace que esta se abra en significaciones que siempre estarán dentro de la senda que ya demarcó su autora.

La invitación, entonces, queda hecha. Agradecemos a Patricio Grinberg por esta maravilla de versión y a Zindo & Gafuri por permitirnos compartirles este referente obligado cuando hablamos de poesía experimental contemporánea.

Jampster, número 16 (abril  2018)

Un formidable y monstruoso collage de palabras, comentario de Lola Nieto

Hace unos días, Raúl Quinto me propuso compartir diez libros que fueran importantes para mí. Nunca pensé que incluiría en esta nómina un poemario que he leído hace poquísimo, esta última semana, y que ha sido una sorpresa descomunal. “El cuerpo: un ensayo”, de Jenny Boully, traducido por Patricio Grinberg y publicado en Argentina por Zindo&Gafuri, es una escritura profundamente radical. Los poemas se plantean, todos ellos, como notas al pie, quedando la parte principal de la página en un blanco hueco que señala una ausencia, una escritura que jamás conoceremos, la marca de lo escapado para siempre. En las notas, los textos juegan con una riqueza de géneros asombrosa, siendo transcripciones de sueños o cartas o pequeños ensayos o enumeraciones de citas que van desde la Biblia a Derrida. Un formidable y monstruoso collage de palabras que convierten el libro de Boully en un sutil manifiesto sobre el cuerpo-mujer y el cuerpo-escritura. Después de tantas lecturas, sigue habiendo libros que nos esperan para arrasarnos la mirada.

Lola Nieto

facebook, 30 de septiembre 2018

Jenny Boully

Nació en Korat (Tailandia) en 1976 y pasó su infancia en San Antonio (Texas, USA).  Estudió Lenguas y Filosofía en las Universidades de Hollins y Notre Dame. Actualmente vive en Chicago y enseña Escritura Creativa en la Universidad de Columbia.

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