el libro de la danza

Gonçalo M. Tavares

Buenos Aires - 2017

152 páginas / 14 x 20

traducción de Aníbal Cristobo

ISBN 978-987-3760-72-3

EVITAR

Evitar a Pitágoras. Evitar al Pitágoras de los Números.
Evitar al Pitágoras de los números en el centro del cuerpo.
Entender a PITÁGORAS
Entender a PITÁGORAS más allá de los números
Entender a PITÁGORAS más allá de los números en el centro del corazón en el centro del cuerpo
PITÁGORAS fuera del codo de la piel del movimiento de la chispa del susto.
Pitágoras fuera de la seducción del CUERPO y de la enfermedad del CUERPO.
Pitágoras dentro del cielo de la cabeza de la Furia.
Pitágoras dentro de la luz que enciende la noche por dentro de la luz que enciende la noche por dentro.
Evitar amar entender a PITÁGORAS.
El cuerpo debe al mismo tiempo, en el mismo momento, evitar amar y entender.

EL POEMA, UN CUERPO QUE DANZA, Prólogo por Júlia Studart
El plan de este, el primer libro del portugués Gonçalo M. Tavares, publicado por primera vez en 2001 , dividido y numerado en 114 fragmentos, tiene que ver con lo que el autor parece desarrollar como política de escritura: la literatura como un cuerpo-bailarín que oscila entre la ficción, el ensayo y la anotación y, principalmente, como un pensamiento sucesivo que viene de un pasado reminiscente y se lanza hacia el presente. Un método de excavación arqueológica del texto que se da a través de repeticiones incesantes, de ideas sobre el cuerpo y de resistencias en el mundo ahora —cuando la literatura también llega como un movimiento arqueológico de colisión con el espacio. Tanto así que Tavares escribe el nombre del juego ya en el “subtítulo” del libro: “proyecto para una poética del movimiento”.

Tenemos ahí el comienzo de la elaboración de sus apuntes o de sus investigaciones, o sea, de su proyecto con una escritura que busca acompañar [como aventura] la idea de un cuerpo leve y de un cuerpo para la danza, movida por un pensamiento de la danza o incluso un pensamiento hasta la danza. Lo que marca aún la imprecisión de un gesto de escritura, de un movimiento suelto del cuerpo de la escritura:
la coreografía del cuerpo leve y pesado de la frase como un poema que es también un cuerpo que ensaya y al ensayar encuentra siempre otra cosa, impura e informe. La danza del cuerpo llega como un accidente mutuo que puede y debe  ser rearticulado de otra manera y, así, sucesivamente, en un sinnúmero de combinaciones infinitas, un ensayo infinito.
Por eso, la operación de escritura de Gonçalo M. Tavares que se puede leer y ver en este libro, entre el fragmento y el poema, parte exactamente de los usos del ensayo: primero como método y modelo literario, procedimiento de reflexión crítica, experimento intelectual y estudio sobre algo, y, después, como acción, acto en sí, entrenamiento, repetición, coreografía, experiencia del cuerpo y de la desnudez. Estamos, con este libro, delante del poder de la ficción y de un deseo político del espíritu libre y sin gravedad, sin territorio y sin meta, posesión y desposesión para componer dúos o un neutro, siempre abierto a provocar desvíos en la historia. Cuando la escritura llega, como nos indica Nietzsche, como un cuerpo que se pregunta todo el tiempo si es capaz de danzar.
Y el dibujo compuesto por Gonçalo M. Tavares en este libro sigue, muy de cerca, algunas sugestiones de Nietzsche en torno de un cuerpo desobediente capaz de reírse de la ineptitud de las creencias y de las maneras espirituales. Dice el filósofo en un pasaje de La gaya ciencia: “¿Sabe caminar? Mejor aún ¿sabe bailar?” Nietzsche nos presenta aquí una especie de clinamen, que es aquello que pende, aquello que se desvía o aquello que puede provocar un desvío: “estoy acostumbrado a pensar al aire libre, caminando, saltando, escalando, bailando, sobre todo en montes solitarios o muy cerca del mar, allí hasta donde los caminos se muestran ensimismados. Mis primeras preguntas para juzgar el valor de un libro, de un hombre, de una música, son: ¿sabe caminar? mejor aún, ¿sabe bailar?”
Ese clinamen, entonces, indicado por él, es un probable actor de la modernidad frente al movimiento cinético, lo que lleva a una posibilidad de trazar los puntos de contacto del trabajo de escritura de Gonçalo M. Tavares, en este libro y  en varios otros, con el pensamiento de Nietzsche. Desde una lectura de la historia cumplida a través del ensayo y cómo esto se arma como una potencia política de escritura ficcional, o sea, como intervención en el espacio de la historia. Y allí no apenas para cumplir decir, un DICHTUNG, si no decir como un moverse en la historia tal cual los impasses del poeta moderno
/contemporáneo —aquel que parece estar después y antes de la historia en una colisión de tiempos, en una perspectiva que es, tal vez, la de quien se coloca entre el orden civilizatorio y se pregunta acerca de lo humano en los tiempos de ahora. He aquí la tarea de la poesía: el poema como un cuerpo que danza, y sin moneda de troca.
Por eso es muy importante resaltar aquí que la expresión “gaya ciencia” tiene que ver, directamente, con la poesía practicada por los provenzales en el siglo XII, lo que también parece interesarle mucho a Gonçalo M. Tavares. La expresión deriva del provenzal, lengua usada por poetas como Arnaut Daniel y Guilhem de Peitieu, e indica una habilidad y un espíritu libre para cumplir la tarea de la poesía. El poeta brasileño Augusto de Campos, traductor de poesía provenzal, inserta esa poesía, a partir de las ideas del poeta americano Ezra Pound, como un arte entre la literatura y la música, como una participación, como una visión desmitificadora de los juicios o prejuicios de la sociedad medieval. No solamente por la crudeza del vocabulario, sino también por el uso de términos eróticos que se distancian de la idealización amorosa sugerida por los primeros lectores de esa poesía, muy anteriores a Nietzsche, por ejemplo. Y es justamente en La gaya ciencia donde  el  filósofo  nos  presenta  sus  ideas  sobre  el  eterno retorno, extraídas del estoicismo griego [pero completamente distintas], una legítima y plena afirmación de la vida; sus tesis sobre la muerte de Dios, que tienen que ver con la pérdida de referencias universales, como las ideas cristianas acerca del alma, del misterio de la omnisciencia divina, de la vida eterna, de la moral, etc.; y es también Zaratustra, el antiguo profeta persa, a quien él reinventa.
Así, en este Libro de la Danza, ya es posible pensar las formas de la escritura de Gonçalo, con Nietzsche, como una movilidad de la danza para generar una utopía. Leer y ver la incorporación que hace de algunas capacidades de cuánto puede un estado de danza para mover el cuerpo de  la historia a partir de vestigios, desconfianzas y sospechas — las sobrevivencias. Este libro aparece, así, como un cuerpo político confrontado con lo que puede ser aún utopía y, en una transparencia, distopía.
LA ESCRITURA COMO CUERPO EN MOVIMIENTO, por Silvina Friera
El poeta, narrador, ensayista y dramaturgo en lengua portuguesa logra en este libro lo que consigue en todos los géneros que aborda: ubicar la literatura en un lugar de resistencia del lenguaje, combinando claridad y ambigüedad.

El aguijón de la vacilación respira en el poema. La letra mayúscula deviene epifanía óptica. La minúscula al principio –en el lugar menos esperado o reglado– es una manera de prescindir de la corrección ortográfica y de expresar que las palabras también se mueven, se estiran, se elevan por encima del suelo de la página. “psicoanálisis del Movimiento: quién está loco y en qué parte/ del Cuerpo./ ¿cuál es el espacio loco? ¿cuál es el órgano loco?”. La perplejidad que genera el “no saber”, el no tener una respuesta, ni siquiera el consuelo falaz de un balbuceo, es una forma de belleza que produce la escritura del angoleño Gonçalo M. Tavares en El libro de la danza –su primer libro publicado originalmente en 2001–, edición bilingüe de Zindo & Gafuri con la colaboración de Kriller 71, traducido por Aníbal Cristobo y con prólogo de Júlia Studart. La modesta certeza que exuda este libro –cuyo subtítulo “Proyecto para una poética del movimiento” condensa la tentativa de una política de la escritura– es que el poema es un cuerpo que danza. “¡Tavares no tiene derecho a escribir tan bien: dan ganas de pegarle!”, dijo José Saramago, quien además pronosticó que el poeta, narrador, ensayista y dramaturgo en lengua portuguesa está destinado a ganar el Nobel de Literatura.

Tavares (Luanda, 1970) se tapa los oídos, toma distancia del mundanal ruido, desconfía de la desmesura de los elogios y no pierde el tiempo con cuestiones externas porque lo que solo le importa es escribir. Y no tiene ninguna prisa ni ansiedad por publicar. Tenía 31 años cuando salió El libro de la danza, casi un “viejo” para la velocidad y voracidad de la maquinaria editorial. “De cualquier modo la danza es imaginar música Producida por/ el cuerpo para ser entendida de manera calma por los Muertos/ y por el cielo”, se lee en uno de los poemas de este libro que originalmente, cuando se editó en 2001, estaba dividido y numerado en 114 fragmentos. En el prólogo, Studart advierte que esta forma –ya no está numerado, sino que cada poema tiene un título y está organizado a partir de un sumario que no aparece en la primera edición– tiene que ver con lo que el autor parece desarrollar como política de escritura: “la literatura como un cuerpo bailarín que oscila entre la ficción, el ensayo y la anotación y, principalmente, como un pensamiento sucesivo que viene de un pasado reminiscente y se lanza hacia el presente. Un método de excavación arqueológica del texto que se da a través de repeticiones incesantes, de ideas sobre el cuerpo y de resistencias en el mundo ahora, cuando la literatura también llega como un movimiento arqueológico de colisión con el espacio”.

Como poeta, como narrador, Tavares cultiva y perfecciona, libro tras libro, una concepción: la literatura es un lugar de resistencia del lenguaje. El autor de Aprender a rezar en la era de la técnica (Letranómada) –novela que integra la tetralogía de El Reino junto con Un hombre: Klaus Klump, La máquina de Joseph Walser y Jerusalén– procura encontrar la palabra precisa que concentre simultáneamente claridad y ambigüedad de forma que suene tan “natural” como este primer verso revelador: “Lo importante de la respiración es el modo en que parece no existir”. El poeta-bailarín ensaya con el poema, que es un cuerpo que ensaya, y al hacerlo experimenta con la repetición, el decir que se reitera y ya no dice exactamente lo mismo, como si se entrenara a la par en la acción de escribir y en la reflexión crítica; ensayar pensamientos como si fueran coreografías que se reescriben incesantemente en un espacio circular. “El cuerpo es obediente y quien manda es el oxígeno./ Danzar es agradecer a lo invisible que nos alimenta./ El cuerpo es el hijo dependiente del Espacio./ Danzar es el ritual de la aceptación del Antepasado./ El cuerpo obedece al oxígeno”.

“¿Cuándo comienza la poética?”, se pregunta Tavares en uno de los poemas que danza al borde del abismo de un “diálogo riguroso”. La perspectiva crítica habilita la emergencia de movimientos irónicos, como cuando se bosqueja como probable respuesta que “la poética comienza cuando imaginamos que los otros son ciegos”. En el prólogo, Studart plantea una interpretación. “La idea de Tavares es la de una escritura que pueda danzar porque sería practicada por un espíritu libre. La posibilidad de danzar como una resistencia al movimiento  vulgar, una desobediencia y una potencia dionisíaca”. Las obras del escritor angoleño han sido publicadas en más de 45 países, y ha ganado premios literarios importantes en lengua portuguesa como el Portugal Telecom dos veces, en 2007 y 2011, y el José Saramago 2005, entre otros.

El “Bailarín sutil” despliega una “recomendación útil”, tan perturbadora como necesaria, en uno de sus poemas: “El espacio tiene que ser bajo los pies como el objeto frágil en las manos del borracho”.

PAGINA 12

TAVARES Y EL LIBRO DE LA DANZA, por Santiago García Tirado
(Reseña de la edición de Kriller 71-España).
Dar forma a una estética propia, esperar a que dé flores y luego repetir fórmula en múltiples variantes a lo largo del tiempo es el resumen de lo que una mayoría de autores entiende como un proyecto artístico. En el caso de Gonçalo M. Tavares (Luanda, 1970) abundan los motivos para no temer la aplicación de esa tortura, al contrario, se ha mostrado a lo largo de su producción indagador, mutante, con esa intranquilidad del que comprende que nada puede darse por definitivo, menos aún en el ámbito de la estética. Prueba de esa actitud de duda sistemática y reformulación la encontramos en el “Libro de la danza” (Kriller 71) una obra indócil que, contra lo que podría suponerse, es de creación anterior a todas las ya publicadas ―con éxito― en España. El propio autor la define como “investigación”, su editorial la presenta ahora como “poesía” y puede explicarse sin conflictos como una propuesta aledaña del aforismo (dicho sea de paso, sólo faltaba que tuviéramos que vérnoslas con la teoría de los géneros a estas alturas). Leído ahora que tenemos buena parte de su obra accesible en España ―como en otros 45 países― el “Libro de la danza” adquiere mayor relevancia y se convierte a la vez en suministrador de claves que nos permiten valorar a Tavares con justicia, cuando parece que una lluvia de premios ―todos los portugueses los tiene― quiera difuminárnoslo.
Júlia Studart, poeta y profesora de la Univ. de Río, traza en el prólogo una línea que pone en conexión esta obra con “La gaya ciencia”, de Nietzsche. Porque allí el bigotudo y prusiano filósofo echa mano del saber alegre que representa el amor cortés como réplica del nuevo modelo de mundo que cuajará en el Renacimiento, y que se define por oposición al saber grave e incontrovertible de la religión y el orden moral que sustenta. “Nuestras primeras preguntas ―dice Nietzsche― sobre el valor de un libro, una persona, una música rezan así: ¿sabe andar, o mejor aún, ¿sabe bailar?”. La insinuación es jocunda, efectiva como un matasuegras en la cara de un registrador de la propiedad: caminar es el movimiento de la gente bien, pero bailar es mucho más loco, porque incluye el placer, la alegría, todo eso que la caspa repele por inductor de la disolución. En esa metáfora del baile alegre encuentra Tavaresla ocasión idónea para pensar la vida y sus conjuntos desde una perspectiva libre, sin otra deuda que con la alegría que reclama para el hombre. “La vida es un experimento del que conoce”, dice también Nietzsche en “La gaya ciencia”. Y por lo que vemos en “El libro de la danza” Tavares lo asume con todas las consecuencias.
Tavares asume, entonces, una vocación de conocimiento. Pero no habrá forma de llevarla a cabo si no es desasiéndose de toda coerción moral, o cultural, religiosa o histórica ―en la medida en que eso sea posible―. Para mirar a cara descubierta a la vida y sus componentes ―los bailarines del libro― que ejecutan como saben, o como imaginan que debe ser un modo existencial ―su danza― ese requisito de libertad es innegociable. El camino que deberá seguir Tavares en ese proyecto será por fuerza una senda arbitraria, sin más programa que el de la intuición, para sondear los diversos aspectos de la realidad como haría un aforista. O un ensayista de la línea Montaigne. En ese tanteo ―en esa danza― hay que superar ese prejuicio básico de nuestro pensamiento occidental por el que el hombre se considera preeminente: no es centro de nada el hombre, no es el Master del Universo: “dominar primero el instinto de/ dominar la naturaleza”. Más adelante, como en un intento de neutralizar cualquier delirio de grandeza, recordará: “Al cuerpo al que le faltan Movimientos lo llamamos/ INcompleto./ Al otro lo llamamos dios”. Y evidentemente el cuerpo INcompleto somos nosotros, simples peones de la historia, aunque reales, porque “Dios no se exhibe” ―acota con ironía―. Un buen antídoto frente a los delirios de grandeza que periódicamente nos intoxican consiste en detenerse a considerar nuestros límites, “El problema”: “Ejecutar y esculpir el problema de la imposibilidad de prohibir/ la enfermedad”; “Esculpir en los átomos el gran Problema/ ejecutar el problema de la imposibilidad de prohibir la Muerte”. La metafísica, en fin, habría dado otros frutos a poco que el filósofo hubiese caído en la cuenta de que un solo puñal, “el PUÑAL puede interrumpir la Coreografía-VIDA pero el/ PUÑAL no puede interrumpir la coreografía-MUERTE”. Si algo permanece de tantos prohombres del pasado, eso es su coreografía interrupta y casi siempre mediocre.
Gonçalo M. Tavares
Le llega el turno al sofisticado constructo religioso-filosófico sobre el que se hincha el ser humano, y Tavares no se va a retener de fustigarlo: “la proporción está muerta./ la geometría trae tristeza./ la matemática es imposible (…) el cuerpo es la biografía de las últimas horas de la CARNE al frente de la técnica”. ¿Qué decir, entonces, de la Estética, cuál es el peso específico que le adjudicamos en este asunto de la existencia? “Lo importante es la belleza de lo Imposible”, dice como simulando una respuesta. Si algo levanta al ser humano sobre su menuda condición es precisamente su valentía para intentar un nuevo paso de danza que nadie antes haya intentado, su salto mortal frente a sí mismo: “el ERROR el error sólo comienza al corregirlo, cometer un error y avanzar no es cometer un error: es avanzar”. Hay que asumir los límites, parece decir Tavares, asumir la carne, la enfermedad, los flujos y las heces ―lo que es ostensible y nos define―: “la ORINA sale al lado de los Hijos y los Hijos al lado de las heces”. En esa cualidad medible es donde se halla el origen del léxico, lo que no deja de ser sintomático: “Vocabulario de las manos y de los dedos. Vocabulario de las Piernas, del Corazón (…) alfabeto del calor y de las aguas, alfabeto del pelo y del útero”. Al fin se impone la evidencia de que un bailarín ―todo bailarín― no es más que un pleonasmo, una redundancia innecesaria: “2 testículos/ 2 ovarios/ 2 senos/ 2 pulmones (…) Una Muerte”. Luego la asimetría, lo excepcional, eso es la muerte. Ahora sí, el bailarín está en condiciones de desentrañar, si no el sentido de su vida, al menos su urgencia. Y su urgencia, aunque tal vez esté feo decirlo, es la Alegría: “Contribuir a la población de los Alegres. Tener Hijos en la población de los Alegres”. Vivir el cuerpo mientras dura, “tener en el cuerpo un único sistema que desespera y salva”. La conclusión de toda esa encuesta se acaba imponiendo, y al final cabrá en un solo verso: “la felicidad es más importante que la realidad, por lo tanto”.
La traducción y edición de este “Libro de la danza” permite comprender mejor la extensa-rara-diversa-lúcida propuesta literaria de Tavares, que aquí hemos conocido en su vertiente más narrativa. Varias de sus obras son recorridos inesperados sobre los temas y obsesiones de sus autores fetiche (ValéryBrechtJuarrozCalvinoWalserElliot…), y recientemente han sido agrupados bajo el epígrafe “El barrio” en la edición de Seix Barral (2015); en otras ocasiones ha transitado el lado violento de la experiencia humana, con la tetralogía “El Reino” (“Un hombre: Klaus Klump”, “La máquina de Joseph Walser”, “Jerusalén” y “Aprender a rezar en la Era de la Técnica”); ha ensayado una epopeya moderna de trazada joyceana en “Un viaje a la India” (Seix Barral, 2014), ha incursionado en el lado menos amable del hombre en sus “Libros negros” (de los que en España tenemos hasta la fecha “Agua, perro, caballo, cabeza” (Xordica, 2010), ha puesto en marcha una “Enciclopedia” de reflexiones personales, las “Breves notas sobre Europa” (CCCB, 2014), y añádase a todo ello que también ha cultivado la poesía, el teatro, un “Atlas del cuerpo y de la imaginación”, etc. etc. Toda esa materia literaria desarrollada en años siguientes ―y todavía en proceso― se encuentra de alguna forma justificada y condensada ya en este “Libro de la danza”, lo que da, además, un valor inesperado al libro como compañero de todas las otras lecturas.
Inteligente y seductor como se ha presentado aquí, del “Libro de la danza” no debe esperarse un prontuario de frases para recitar, ni fragmentos versionables en modo canción, y no sé si eso se compadece con un país que considera a Benedetti la esencia de la poesía y que eleva a Marwan como líder de ventas en el ramo. Es, de eso no hay duda, una obra mayor de la poesía europea actual, con una vocación iconoclasta que la conecta con lo mejor de la vanguardia S. XX, y que milita decididamente en el lado de la subversión. Dentro del catálogo de Kriller 71 es perfectamente entendible junto al conceptualismo americano de Charles Bernstein, las propuestas arriesgadas de Mary Jo Bang, la ironía cool de Ben Lerner o las nuevas voces brasileñas de Arnaldo Antunes y Ricardo Domeneck. Falta saber si también entre el público acostumbrado a un tempo poético como el nuestro encontrará la acogida que se merece. En este caso le avala su propio nombre, que cuenta en España con una legión de seguidores (lo sepan o no, a estas alturas ya todos danzantes).
VAS A BAILAR, BAILAR, por Pablo Queralt

en: Yves Poetry Club

Un libro que se mueve, nos remite a un ritmo, las bradi y taquicardias en la voz del autor que hace una marca del terreno donde se mueve. Sabe contarnos de sus disritmias y sus momentos de lucidez. “La historia de la danza no es no puede ser el recorrido de los movimientos trazado del suelo”. A un poeta que le interesa lo etéreo, toma al poema como el aire para ser remontado, esa es su danza: la de los pájaros haciendo su coreografía de vuelo. La máquina es la fuerza que impulsa a la acción, el deseo, las aversiones, el temor, el amor –odio, alegría-tristeza todos los tándems que mueven al ser y son la DANZA. La única técnica es el alma, por y para quién volamos como una unidad, la de esos pájaros (albatros, patos, cornejas) que vuelan en v de modo de resistir mejor la densidad viento/aire y poder volar como una unidad, de modo que el primero orienta, timonea y el resto va haciendo fuerza para que la experiencia, la vida del alma, el volar sea agradable con menos desgaste y compartida en ese todo.

Existe una música en este volar y es la del cuerpo al desplazar su forma libre, no esclava para que se continúe con el ritmo, la danza, en el músculo, el corazón al mismo tiempo la sangre circulando por venas y arterias. Nos dice este libro que nada es posible sin la danza, el ritmo, ese intercambio que nos hace vivos.

El cuerpo y su fantasma como una forma de estar y no estar, un serpentear entre las sutilezas cuando esa energía se desplaza dentro o fuera de la materia, ese ir más allá del descubrimiento, en una inmovilidad aparente que es movilidad, reconocer lo que no se sabía existía.  Dice “el cuerpo debe SER entonces la botánica en el límite del agua el cuerpo es agua, su mayor porcentaje y el ser usa esa danza del cuerpo para hacer su experiencia ¿es que yo me conozco?

Nos plantea todas las posibilidades existenciales como un filósofo andando los paisajes de la poesía, es ser en el ser centro del blanco, ese blanco vacío para ser llenado, página resuelta en ese volver loco al suelo para que la atmósfera pueda dar consejos esa es su forma de conocer, el camino por donde nos lleva con sutilezas este libro de la danza. Es un dribbling permanente y simultáneo completando su abanico de formas un “echar sal en la propia carne y ofrecerse al banquete”, solo se espera la llegada de Platón, Plotino y sus seguidores, el banquete esta servido. La nueva idea de quién danza es aceptarse, la aceptación, somos humanos y nos pasan cosas pero a pesar de las fracturas y las neurosis hay que dejar que los huesos 

respiren, respiro siento y amo como ley fundamental, yo soy. Eso es tener raíces gordas.

Como que la respiración parece no existir igual que el ser y allí esta la verdad. El corazón es lo bello, no debe pasar el pensamiento el puente dejemos respirar al corazón con sus piernas cortas que alcance el cielo alto, parece decirnos arrojar a las personas al secreto, no secretos a la persona como una concepción corpórea del asunto y el cuerpo es la tierra secreta por tanto divino por que es tierra y soplo y aire que vienen del todo, es el todo. El libro va en una cadencia de vacío-llenado ese es el ritmo de la danza, uno se vacía para permitir la entrada del nuevo conocimiento. Pero no va de un polo a otro, sino que pasa por todos los elementos que rigen la vida: tierra, agua, fuego, madera, metal, de tal forma que conforma a lo largo de los poemas una suerte de vueltas de mándala que nos informa de algo que el poeta quiere transmitir. Si observamos la acepción y significado de la palabra danza vemos que se diferencia a la de baile, por ejemplo en la disco se le dice baile, y danza se asocia más a un trasfondo cultural o folclórico, en definitiva transmite un saber, un conocimiento que es lo que hace este libro de la danza. Con sus máximas prohibir la memoria, que la inteligencia sea bella, o sea usada para nuestras propias construcciones y no para las construcciones de la mente, miedo, tristeza, culpas. La danza no tiene memoria dice el autor, El cuerpo comienza ahora en el momento en que termina.  Podríamos decir Carpe diem o vivir el presente que es lo único que existe, ya que pasado y futuro son meras elucubraciones de la mente, como manifiestan casi todos los maestros espirituales. Es una danza de la energía en la materia, la del compuesto sustancial completo cuerpo, mente y espíritu.

Danzar a pesar de las averías, las ideas viene de afuera, de adentro? Las evidentes vienen de afuera, las profundas de adentro, aclara el autor.

Personifica los órganos con su existencia el corazón es el último órgano. Después esta la muerte.   

Sigue arrojando sus máximas “cada movimiento debe aumentar el prestigio del cuerpo” respetar el movimiento de las células, como unidad de movimiento, de vida que el átomo no sea perezoso, allí esta la unidad de conocimiento de la vida de conocerse uno mismo.

Gastar las velitas en cada cumpleaños del cuerpo cuyo movimiento cae solo con la caída de la imaginación en ese gastar. Y allí el cuerpo arriesga o colecciona? Nos dice el autor solo coleccionar imposibles.

Y finalmente “la felicidad es más importante que la realidad”, todo es movimiento, “el muerto ocupa la muerte el vivo la habitación provisoria, destruir la hipótesis de la fotografía: el cuerpo debe ser más rápido que la imagen.”

libro de la danza-  goncalo m. tavares. Editorial zindo&gafuri – traducción Aníbal Cristobo. 2017.

yvespoetryclub.blogspot.com

 

 

 

Gonçalo M. Tavares
Es un poeta, ensayista, narrador y dramaturgo portugués nacido en Luanda (Angola) en 1970.