estar ahí

tomás fadel

Buenos Aires - 2017

56 páginas / 14 x 21

ISBN 978-987-3760-74-7

Acaba de empezar (fragmento)

(…)
Y vuelve el pensamiento de volver, estar allá.
Y se va hacia otro, y en el otro se instala el pensamiento de
volver, vuelve a volver,
y rebota entre las cabezas, como peces que salen de la corriente y vuelven a ingresar. Inquietud y placidez intermitentes de la ola
que se ha ido
y deja sus marcas de humedad en los rostros, ojeras, grasitud,
pequeñas piedritas, perlas, mejillones y pocitos. Para las llamas el tiempo pasado y el tiempo presente
no existen ni en tiempo futuro. En cámara rápida
todos estas imaginarias invenciones abandonan el cuarto
mongoloide
que hube contruido para la comodidad del poema que buscaba
su límite
de cima, música, límite de base, habla, pero nada más que terca
y animada reverencia a la inflexión. Que vuelve a volver. Nada
queda. La casa
vaciada, saqueada de todas sus sombras y dada vuelta,
recreada, revivida y muerta,
inquebrantable, se sostiene. Se sostiene a pesar que ya no existe.
Queda esperar. Tirar el humo de sí mismo, reposar en la reposera,
extender las piernas, acomodar la cabeza, ahora sí, reparada la
imaginación
la cara sólida del cielo, flojos los músculos.
Los brazos caen a su lugar asignado.
El recital de Ashbery (fragmento), en Hablar de poesía

 

 

(…) Todo bien. El problema es que no hay problema nuevo. Tiene que despertarse del sueño de ser parte de otro problema viejo, y ahí ya va a haber empezado su nueva existencia problemática, que conduce a situaciones que no puede manejar, porque nadie lo reconoce, y ni siquiera él se reconoce a sí mismo ni todavía sabe lo que es. Es como el arranque de un lindo día, los pájaros cantan en los árboles, leen el placer y la excitación en su recuerdo mientras progresa, y aún así, el progreso de cualquier día, bueno o malo, trae con él montón de dificultades que debieron haber sido previstas pero que nunca lo son, y al final parece que son ellas las que lo terminan sofocando, ya sea en la majestad de un atardecer, o en el embole gradual que baja baja hasta que al fin se hunde en la oscuridad, agria y chata ¿Por qué esto? Porque ni una décima ni una centésima parte de las flasheras posibilidades de las que cantan los pájaros al amanecer podrían existir sólo en un día, ni aunque el día termine por ser uno colmado de eventos de fortuna (…)

Y mientras, suena todavía el eco de Ashbery en el micrófono, un eco en el hueco de este huevo que es el Presidential Hall, extendiendo en distintos aparatos su recital: ahora canta el armadillo, qué bicho raro, y como un holograma en su búsqueda aparece el castor, que sacado de Canadá hace de los lagos australes su casa, sin siquiera recordarlo como el lugar distinto y hostil que hubo sido en un comienzo, y genera embalses, y pierde a los patos, que, nunca habiendo vivido antes algo así, se tropiezan en su camino con largas rutas de palos entre las aguas (…)

Capaz acá fue donde nos equivocamos. Quizás ningún arte, por más generoso y bienintencionado que sea, pueda dar lo que demandamos de él: no sólo la representación figurada de nuestros días, sino también su justificación, cálculo y aplicación, tan cerca de la realidad experimentada que se desvanece de repente, en un tronido, con un grito fuerte (…) 

Hablar de poesia, julio 2018

 

tomás fadel

Nació en Tunuyán (Mendoza) en 1990. Es poeta, traductor, diseñador y editor.