Gabriel: un poema

Edward Hirsch

 

Buenos Aires - 2017

168 páginas / 14 x 20

traducción de Pedro Serrano

ISBN 978-987-3760-73-0

 

El director de la funeraria abrió el féretro
Y ahí estaba él solo
De la cintura para arriba

Me asomé a ver su rostro
Y por un instante me desconcerté
Ya que eso no era Gabriel

Era tan sólo un pobre niño
Y su rostro era como un cuarto
recién vaciado

Pero entonces me fijé más
En lo pesado de sus párpados
Y en sus rasgos finos

Siempre había dormido inquieto
Ahora estaba extrañamente calmado
Mi alocado niño

Vestido especialmente para la ocasión
Le gustaba ese traje azul marino
Y se pavoneaba frente al espejo

¡Ey! escolar le gritó alguien
En la calle en Northampton
Te ves súper bien con esos trapos nuevos

Estaba encantado de cómo se veía
Después de dejar de tomar esas pastas
Que le nublaban la mente

Se sorprendía al verse
En los vidrieras y en las puertas giratorias
Al dar vuelta su reflejo

Ahora estaba tieso y todo abotonado
Como si fuera a ir a un funeral
En un viernes a principios de septiembre

 
ENTREVISTA A EDWARD HIRSCH, por SILVINA FRIERA
“No soportaba la idea de que Gabriel pudiera ser olvidado”
El poeta estadounidense, director de la Fundación Guggenheim, señala que esa necesidad de memoria fue el impulso principal para que se convirtiera en biógrafo de su hijo, fallecido en 2011 a los 22 años, víctima de una sobredosis.
El poeta no llora, pero se acuerda de la muerte de su único hijo, ese niño descarriado y alocado, por una sobredosis a los 22 años, el sábado 27 de agosto de 2011. “El director de la funeraria abrió el féretro/ Y ahí estaba él solo/ De la cintura para arriba/ Me asomé a ver su rostro/ Y por un instante me desconcerté/ Ya que eso no era Gabriel/ Era tan sólo un pobre niño/ Y su rostro era como un cuarto recién vaciado”. La escena inicial de Gabriel: un poema de Edward Hirsch, notable edición bilingüe de la editorial Zindo & Gafuri con traducción de Pedro Serrano, es tan desgarradora que la forma de esta elegía, esos tercetos no rimados en un poema sin puntuación, es un intento de poner un poco de “orden” al caos emocional que le sobreviene a ese padre sin consuelo. “Yo no sabía que el trabajo del duelo/ Es como cargar un saco de cemento/ Cuesta arriba en la noche/ No se puede ver la cumbre/ Porque no hay ninguna cumbre/ Pobre aflicción de Sísifo/ Yo no sabía que iba a luchar/ entre andrajosos matorrales/ Sin camino hacia arriba/ Porque no hay camino/ Sólo hay una tosca roca/ Con un río en donde caer”. El poeta estadounidense, director de la Fundación Guggenheim, se presentó por primera vez en Buenos Aires en el marco de la Serie de Lecturas Frost, junto a la escritora María Negroni, directora de la Maestría en Escritura Creativa de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref).

La voz herida de Hirsch, como en el borde de una disfonía crónica, saluda con curiosidad y calidez. “Todo el tiempo me pregunto que hubiera sido de la vida de Gabriel si estuviera vivo. Hubiera sido un gran desafío, pero desearía tener ese desafío. Ahora tendría 29 años…”, dice el poeta en la entrevista con PáginaI12. Y calla. Como si el silencio fuese una forma pudorosa del llanto.

–Gabriel: un poema se despliega como un gran poema narrativo, más cercano a la prosa poética, ¿no?

–Yo no lo describiría así. Sí es narrativo, va contando una historia en la que yo soy el biógrafo de Gabriel. Pero cada una de las secciones ya de por sí es casi un poema, cada una de las secciones tiene lírica. Yo tuve que inventar este formato para poder hacerlo, un cruce entre una secuencia de poemas y una narrativa mucho más larga. El poema está escrito en tercetos no rimados. No es simplemente una narración porque cada línea tiene su significado y los tercetos juntos también.

–¿Qué significa ser biógrafo de un hijo muerto?

–Es devastador, no sería lo apropiado de hacer, está fuera del orden natural de las cosas. Y sin embargo se vuelve una responsabilidad. En parte, Gabriel es el libro de un padre, porque voy contando la historia de Gabriel, pero desde el punto de vista del padre. No lo voy contando desde el punto de vista de Gabriel o de la madre. En ese sentido, es mucho más mi libro.

–Sin embargo, hay momentos en que la voz de Gabriel aparece en el poema. Hay pequeñas frases en algunos de estos tercetos. El lector las descubre naturalmente porque además están marcadas por la cursiva, subrayando que eso es algo así como un testimonio: la voz del hijo que sería hablado por el padre. ¿Coincide?

–Es muy astuto lo que plantea. Para mí era muy importante que la gente se enterara cómo era Gabriel. Y se lo escucha a él muchas veces, incluso a través de mí, porque él era muy impulsivo, extremadamente espontáneo, muy gracioso, alocado… Entonces intenté capturar cómo era él, desde su conducta y a través de las cosas que él decía y que muchas veces llego a citar. Cuando digo que es el libro de un padre, digo que este es mi portarretratos de Gabriel. Pero quería que fuera bien preciso para que el lector llegara a conocer quién es él. Eso para mí era lo más importante. No soportaba la idea de que Gabriel pudiera ser olvidado. Ese es el impulso principal por el cual el padre se vuelve biógrafo.

–El poema es muy devastador por la historia que cuenta. Pero hay un dolor contenido, porque si se desbarrancaba por el sufrimiento quizá hubiera sido imposible escribir el poema.

–No es un diario sobre el dolor, sobre el sufrimiento, sino que es un libro de poemas. Eso ayuda a tomar cierta distancia. Hay una parte en el libro donde hay un coro que dice que otros poetas también han perdido a sus hijos, como (Rainer Maria) Rilke, (Anna) Ajmátova, (Marina) Tzvetaieva, (Stéphane) Mallarmé y otros poetas menos conocidos; es como un catálogo de poetas que han perdido a sus hijos que me va alejando de la historia de Gabriel para pensar cómo los distintos poetas han enfrentado su dolor. Quería llegar a contar la historia de Gabriel sin llegar a sugerir que soy la única persona a la que le ha pasado esto alguna vez.

–En una entrevista usted dijo que la poesía tendría que ser más accesible. La forma que encontró en Gabriel: un poema, ¿hace que su poesía sea más accesible?

–No creo que sea la forma en particular, sino la manera en que se usa la forma. Me parece que este poema es muy claro, aunque no tiene puntuación, y los tercetos le dan la posibilidad al lector de acelerar la lectura o desacelerarla. El libro tiene su propia fuerza, como que va impulsando hacia adelante, pero las secciones le dan al lector la posibilidad de hacer una pausa. Pero tenés razón que el objetivo principal es que fuera claro, que no fuera nada obtuso que ocultara nada. Por eso es que comienza en la casa funeraria y no es ningún truco. Desde el principio ya se sabe que el joven ha muerto. Y que el dolor está presente. Más adelante, a lo largo del libro, uno se va enterando cómo murió el joven.

–Ese comienzo en que abren el féretro y el padre sabe que es su hijo pero no lo reconoce, ¿fue el punto de partida de la escritura del poema?

–No. El orden en que se lee el libro no es el orden en que lo escribí. Empecé escribiendo recuerdos y a partir de ahí busqué descifrar qué forma le iba a dar para que pudiera fluir. Creo que se siente de alguna manera cronológico, pero a medida que iba escribiendo me iba encontrando con algunos problemas “poéticos”, si se los puede llamar así. Te doy un ejemplo de lo que sería un problema en la vida y un problema en la poesía. Tenía el problema de que Gabriel pasó por muchas escuelas distintas, iba a una escuela y lo echaban. Iba a otra escuela y lo echaban. Así que tuve que encontrar la manera de cómo manejar eso dentro del poema. Todo eso lo incluí en una única sección, como si fuera una especie de blues, como si fuera cantando los blues de la escuela primaria. Todas las escuelas están en esa misma sección. A partir de ahí ya vuelvo al orden cronológico en el que se fue desarrollando el poema. Espero que mientras se vaya leyendo se sienta orgánico. Pero la escritura del poema no salió de manera intuitiva, sino que fue sumamente calculado. Creo que no habla bien de mí como persona, pero habla de mí como poeta.

–Hay un momento en que se cuestiona y se pregunta si ha sido un buen padre. ¿Cómo fue la experiencia de escribir un poema en el que usted también se pone en el banquillo de los acusados, en cierto sentido?

–La idea no era presentarme como una figura de padre positiva. Uno de los hilos que se sigue es el poeta que es padre y están las lealtades divididas del poeta como padre. La idea no es presentarme bien o aparentar de alguna manera ser bueno, sino tratar de encontrar la manera de contar una verdad difícil.

–En Gabriel: un poema aparece la tensión entre la vida y la obra literaria. El hijo está del  lado de la vida y usted es a la vez un poeta que está escribiendo un poema, que es la biografía de su hijo. ¿La tensión entre vida y obra no se resuelve?

–Tal vez para algunos sí se resuelva. Pero no estoy seguro… Creo que se podría llegar a vivir una vida más integrada. Rilke es el caso más extremo del poeta que se sustrae por completo de la vida. Lo puedo premiar como el peor padre dentro de la poesía, aunque es un gran poeta. Por ejemplo, cuando escribía las Elegías de Duino no fue a la boda de su hija y en mi poema yo lo llamo “tarado”. Pero cuando yo era joven era como Rilke. Sólo recién cuando tuve un hijo empecé a sentir realmente la división.

–Más allá del síndrome de Tourette y sus distintos desórdenes, más allá de la medicación que tomaba, hay un enigma que permanece en el poema: ¿Por qué Gabriel era un chico tan difícil, tan complicado?

–Nunca tuvimos un buen diagnóstico. Su diagnóstico es una falta de diagnóstico. Es un trastorno del desarrollo que no está especificado. Había parte de sus funciones cerebrales que no estaban bien. Y nadie sabía por qué exactamente. Gabriel fue adoptado o sea que hay distintas teorías sobre sus padres y tal vez tenga que ver también con cómo lo criamos. Pero no lo sé… Socialmente nunca pudo adaptarse.

–¿Es la primera vez que escribe una poesía tan próxima a su propia  vida, tan cercana a una experiencia extrema como la muerte de un hijo?

–Sí, he escrito cosas muy personales antes, pero nunca nada tan extremo. Es muy distinto estar escribiendo algo sobre tus padres, sobre una amante o sobre un adulto con el que estuviste relacionado. Escribir sobre un hijo es distinto. Probablemente ya sabrás que la madre de Gabriel estaba completamente en contra de publicar este poema. A ella el poema le encanta, pero creía que la historia tenía que ser algo privado. Esa es su postura, pero no la mía. Sentí que no tenía otra opción. Soy poeta, ¿qué más podía hacer?

–¿Desde cuándo puede decir “soy poeta”?

–En la escuela secundaria escribía sobre mis sentimientos. En los primeros años de la universidad le presenté mis poemas a una profesora y ella me dijo: “podrías ser poeta, tenés imaginación y tenés sentimientos, pero estos no son poemas, porque no hiciste nada, no trataste de crear algo formalmente, tenés que tratar de darle una forma a tus sentimientos para que se conviertan en algo que puedan vivir en una página”. Pensé que esto era realmente noble: tratar de transformar los sentimientos y convertirlos en algo que pudiera vivir en una página. Ahí empecé a estudiar poesía y a imitar lo que leía. Y traté de convertirme en un poeta. Cuando llegué al último año en la universidad, tomé la decisión. Siento como si hubiera sido una persona que se estaba ahogando y vi el bote salvavidas que pasaba frente a mí en el agua. Ese bote salvavidas era la poesía.

–¿Cuáles eran esos primeros textos que intentaba imitar? ¿De qué poetas?

–Gerard Manley Hopkins, un poeta inglés del renacimiento… Te cuento una buena historia. Para cuando llegué a aprender mucho de poesía en la universidad y empecé a comprender bien el modernis-        mo me desalentaban muchísimo T.S.Eliot y Ezra Pound por su frialdad. Empecé a buscar alternativas, algo que fuera del mismo nivel de inteligencia, moderno y más apasionado. Y ahí encontré distintos poetas de España y América Latina traducidos, a los poetas de la Guerra Civil Española, a (Federico) García Lorca y Miguel Hernández; y de América Latina a Pablo Neruda y César Vallejo. Me gusta el surrealismo, el alto nivel intelectual y esa fiebre emocional.

–Cuando en el poema se menciona la hora en que murió Gabriel, a las 6.08, de pronto apareció “era las cinco de la tarde”, el verso del poema que escribió Lorca cuando murió su amigo entrañable, el torero Ignacio Sánchez Mejía.

–¡Me encanta ese poema! Lo robé por completo (risas). La idea viene del poema de Lorca. En el poema de Lorca es algo que se sigue repitiendo. Quería que mi poema se rehusara a aceptar los consuelos que se tratan de dar, porque mi poema es inconsolable. Desde que publiqué el libro pasó algo que realmente no esperaba. Mi poema se ha encontrado con muchas personas que han tenido pérdidas inaceptables.

–¿Cómo está viviendo como   poeta la presidencia de Donald Trump?

–Con la misma dificultad con la que lo vive cualquier persona. Todos los que conozco estamos en shock. Ante todo como ciudadano creo que más importante ahora más que nunca que hablemos en nombre de la democracia. Este no es un problema solo de Estados Unidos. Este movimiento de los nacionalismos populistas es peligroso y tenemos problemas serios para tratar de enfrentarlo y para poder tener democracias liberales y no regímenes fascistas. Trump nos está demostrando algo de Estados Unidos: la democracia está en riesgo y hace falta defenderla. La democracia es mucho más frágil de lo que nosotros creíamos; por eso tenemos que unirnos a favor de valores progresistas y humanos, porque hay muchísimo en riesgo. Todos tenemos que estar involucrados en la lucha.

ENCONTRAR LAS PALABRAS, por Alec Wilkinson

En Octubre de 1988, mis amigos Janet Landay y Edward Hirsch volaron a Nueva Orleans para adoptar a un niño que tenía seis días. Fue recogido del hospital por su abogado, que lo trajo a la casa donde se alojaban. Esperando por ella, se pararon en la calle frente a la casa. Durante varios días, les preocupaba que la madre, vencida por el amor o por la culpa, quisiera que la niña volviera, pero no lo hizo.

En ese momento, Hirsch era profesor asociado en la Universidad de Houston. Ahora es el presidente de la John Simon Guggenheim Memorial Foundation, pero es ante todo un poeta. Ha publicado ocho libros de poemas, entre ellos “Medidas terrenales”, que Harold Bloom incluyó en “El canon occidental”. Nominado por Robert Penn Warren, Hirsch había ganado el Premio de Roma, que le confiere la residencia de un año en la Academia estadounidense allí. Viajar de Roma a Nueva Orleans tomó veintitrés horas, dejando a Landay y Hirsch con “jet lag en vez de mano de obra”, escribió Hirsch en un diario. Antes de irse, le habían dicho al abogado el nombre de su hijo, Gabriel. En el Libro de Daniel, Gabriel se acerca a Daniel “en rápido vuelo”, que es como nuestro hijo vino a nosotros “, escribió Hirsch.

Hirsch llama a su diario, que fue escrito retrospectivamente, un dossier. Para el momento en que comenzó, en el otoño de 2011, él y Landay se divorciaron. Empezó como un medio para anotar todo lo que recordaba de Gabriel, que murió, a los veintidós, el 27 de agosto de 2011. La noche anterior, alrededor de las diez, cuando el huracán Irene llegaba a Nueva York, Gabriel le dijo a su novia que iba a encontrarse con un amigo para tomar una copa cerca de la Universidad de Columbia. Un poco después de las once, él le envió un mensaje de texto diciendo que estaría en casa dentro de una hora. Después de eso, no contestó su teléfono. Tres días después, Landay y Hirsch se encontraron hablando con detectives en una estación de policía en Jersey City, Nueva Jersey. Una entrada en Craigslist había llevado a Gabriel a una fiesta en la que los clientes recibían una droga del club, posiblemente en una bebida. Él se enfermó violentamente y tuvo un ataque. Una ambulancia lo llevó a un hospital, donde murió, poco después de las seis de la mañana, por un paro cardíaco. La vida y la muerte de Gabriel son demasiado dolorosas para que Landay las debata, me dijo. Además, ella tiene la firme convicción de que no son asunto de nadie, sino de ella y de Hirsch.

Después del funeral de Gabriel, Hirsch regresó a trabajar al Guggenheim. “Estaba paseando por la oficina, sin poder concentrarme, solo mirando al espacio”, me dijo recientemente. “Eddie caminó como un muerto”, dijo André Bernard, vicepresidente de la fundación. “Nunca he visto a nadie tan terrible”. Hirsch es judío, pero no es religioso. No sentía que pudiera decir Kadish, la oración que un doliente recita muchas veces al día durante once meses. La fundación le dio un permiso y se mudó a Atlanta, donde vive su compañera, una escritora llamada Lauren Watel, y, por recomendación de un amigo que dijo que podría ayudarlo a llorar si escribía sobre Gabriel, comenzó el dossier . Durante unas pocas horas al día, escribir le dio algo en qué pensar aparte de “solo mi propia tristeza”, dijo. También lo hizo sentir como si estuviera en presencia de Gabriel. Llamaba a su madre y a sus dos hermanas y escuchaba historias sobre Gabriel. Hablaba con Landay todos los días. En el cumpleaños de Gabriel, él visitó Nueva York y celebró con los amigos de Gabriel y escuchó historias sobre él que nunca había conocido. “Lentamente, me hice más fuerte”, dijo. “No estaba sanando, pero era más fuerte”.

Hirsch pasó cuatro meses en Atlanta, viendo muy poca gente, y terminó el dossier, que tiene ciento veintisiete páginas. Cuando regresó a Nueva York, su dolor no había disminuido, excepto que, con el dossier listo, ya no tenía ningún medio para manejarlo. El dossier no era algo que sintiera que pudiera revisar y publicar; era un documento privado y, como era estrictamente fáctico, era más un catálogo que una memoria. Hirsch a veces se describe a sí mismo como un poeta personal, por lo que quiere decir que casi todos los importantes para él han aparecido en uno de sus poemas. Había escrito dos poemas sobre Gabriel cuando Gabriel estaba vivo, uno cuando fue adoptado y el segundo cuando Gabriel tenía quince años, pero por lo demás no se había permitido escribir sobre él. “Lo adoptamos, y se suponía que lo protegeríamos”, dijo.

“Algunas de las cosas que hizo fueron tan divertidas, y algunas de las cosas fueron tan extrañas, que pensé, exploraré esto”, dijo. Completó un poema acerca de una noche en una feria cuando había llevado a Gabriel sobre sus hombros para que pudiera ver una exhibición de fuegos artificiales, y Gabriel dijo, ambiguamente: “Papá, no vine aquí para ver los fuegos artificiales”. Escribió un poema surrealista sobre Gabriel tendido en la parte superior de un autobús que viajaba a través de un túnel y abandonaba la ciudad, como si fuera para la otra vida. “Un adolescente se encuentra a sí mismo / Tumbado boca abajo sobre un autobús / Corriendo a través de un túnel fuera de la ciudad “, comenzó. Cuando terminó cuatro o cinco poemas, ya no estaba satisfecho. Le había sucedido una tragedia, pero los poemas parecían más anécdotas que poemas similares, y completamente inadecuados para el peso de la ocasión. Además, no quería escribir algunos poemas sobre Gabriel y finalmente incluirlos en un libro que no tenía nada que ver con él.

Después de que alguien muere, se vuelve difícil recordar cómo era él o ella. Cuanto más se acercaba Hirsch al final de sus recuerdos, mientras escribía el dossier, más sentía que estaba perdiendo el control de su hijo. Se dio cuenta de que, si iba a escribir sobre él de manera significativa, el tono fáctico del dossier tendría que ser modificado por sus sentimientos. “Decidí que lo que escribí no iba a ser solo sobre Gabriel, también tenía que ser sobre perder a Gabriel”, dijo. Una vez que comenzó a trabajar nuevamente, estaba plagado por la idea de que Gabriel desaprobaría la forma en que se lo representaba. “Todo el tiempo, estoy tratando desesperadamente de ser fiel a la vida de Gabriel, para que él llegue”, dijo Hirsch. “Una persona que solo está sufriendo no puede escribir un poema. Hay que tomar decisiones, y debes ser objetivo. Estoy trabajando, estoy tomando decisiones,

Después de ocho meses, Hirsch había terminado un poema narrativo de setenta y cinco páginas. Se llama “Gabriel” y se publicará en septiembre como un libro de Knopf. El poeta Eavan Boland me describió a “Gabriel” como “una obra maestra de dolor”. La escritura de Hirsch implica típicamente “material que es físicamente peligroso”, me dijo el poeta y crítico Richard Howard. “Sus detractores dirían que siente que es alguien que debe revelar la verdad, en lugar de ser irónico, y que está conteniendo aquí con estas fuerzas”. Hirsch consideró que para que el poema tuviera éxito no podía incluir ningún rastro de sentimentalismo, de lo contrario él sería un testigo poco confiable. “Gabriel” comienza:

El director de la funeraria abrió el ataúd Y allí estaba solo De la cintura para arriba

Le miré a la cara y por un momento me sorprendió porque no era Gabriel

Era solo un niño pobre cuya cara parecía una habitación que había sido desocupada.

“Gabriel” es una elegía, pero es peculiar, “a diferencia de todo lo demás, un poema moderno sobre las circunstancias modernas”, dijo Richard Howard. Elegías de cualquier longitud tienden a ser colecciones de poemas escritos en el transcurso de los años. La elegía más famosa, tal vez, es “In Memoriam AHH” de Tennyson, que trata sobre su amigo Arthur Henry Hallam, quien murió joven de un derrame cerebral, en 1833. Incluye las líneas “Es mejor haber amado y perdido / que nunca haber amado en absoluto “. Consiste en ciento treinta y un poemas y un epílogo escrito durante diecisiete años. La elegía de Thomas Hardy para su esposa es una serie de veintiún poemas cortos llamados “Poemas de 1912-13”. Mallarmé nunca terminó “Una tumba para Anatole”, su largo poema para su hijo que murió a los ocho años; existe solo en fragmentos. Lo más parecido a “Gabriel”, al menos en tono, podría ser “Lamentos”, escrito en el siglo XVI por el poeta polaco Jan Kochanowski para su hija, que murió cuando ella tenía dos años y medio. Hay diecinueve lamentos en total, la mayoría de una página o menos, el último relato de un sueño o una visión en la que ella regresa a él.

“No puedo tener nada que sea comida”.

Las elegías también tienden a ocupar un terreno espiritual: aceptar un orden de cosas y asumir una vida futura. Se dirigen a Dios respetuosamente. A la manera de los poetas judíos que comenzaron a interrogar a Dios después del Holocausto, e incluso a preguntarse si podría haber un Dios que pudiera presidir ese horror, Hirsch invoca a Dios para reprenderlo. “Continúo despotricando contra Dios, en quien no creo”, dijo, “pero ¿con quién más vas a hablar?” De “Gabriel”:

No te perdonaré Sol del vacío Cielo de nubes en blanco

No te perdonaré a Dios indiferente hasta que me devuelvas a mi hijo.

Finalmente, las elegías típicamente elevan su tema. Incrustado en “Gabriel” hay una novela picaresca sobre un niño y un joven tempestuoso, una parte que Hirsch llama “las aventuras de Gabriel”. Eavan Boland me escribió en una carta que “la creación del niño amado y perdido” es una de las los efectos más importantes del poema. Representaba, dijo ella, “una subversión del decoro: el tema de la elegía está destinado a ser un objeto de dignidad. Pero aquí solo se trata de un hijo indisciplinado, un objeto inmanejable de miedo y amor en un caos contemporáneo “.

Hirsch tiene sesenta y cuatro. Lo conocí hace veinticinco años, a través del escritor William Maxwell. Es alto y corpulento, tiene los hombros caídos y su carruaje está ligeramente inclinado hacia adelante. Se mueve deliberadamente y da pequeños pasos, sugiriendo un oso de pie. Cuando se ríe, le tiemblan los hombros. Él es el tipo depersona que escuchará y tomará en serio casi cualquier cosa que alguien le diga. Durante más de un año después de la muerte de Gabriel, su rostro estaba pálido. La gravedad de su expresión incluso ahora, especialmente en reposo, podría llevar a un observador a pensar: algo terrible le ha sucedido a este hombre. De vez en cuando, sin embargo, su mirada de preocupación es solo por estar cansado. Él tiene largos períodos de insomnio; uno de sus libros, “Para los sonámbulos”, tiene un poema llamado “Insomnio”. “Es alguien para quien el sueño es un desastre”, dijo Richard Howard.

La oficina de Hirsch en la fundación Guggenheim ocupa una esquina en el piso treinta y tres de un edificio en Park Avenue. Dos de las paredes son de vidrio, y la vista de la ciudad, los ríos, el cielo y el puerto es más como un mural que una vista, o un rollo chino en el que la escena se pinta continuamente. En las otras paredes hay estantes con miles de libros de poesía, la propia colección de Hirsch. Tener sus libros encerrados es un medio de recordarse a sí mismo quién es, dijo, mientras nos sentábamos entre ellos un día de esta primavera.

En la escuela secundaria, Hirsch jugó al fútbol y escribió poemas, “aunque es generoso llamarlo poesía”, dijo. “Tenía sentimientos que no sabía qué hacer, y me sentí mejor cuando comencé a escribirlos. Lo pensé como poesía. Me di cuenta de que a las chicas realmente les gustaba. Mejor que fútbol Les gustó la combinación. “En Grinnell, cuando era estudiante de primer año, tenía una maestra llamada Carol Parssinen, que” hizo una cosa para mí que fue más poderosa que nadie “, dijo. “Básicamente me dijo: ‘Podrías ser un poeta, tienes la imaginación, la inteligencia y la pasión, pero lo que estás escribiendo no es poesía. No se está uniendo a lo que ha escrito con lo que ha leído, solo está escribiendo sus sentimientos. Tienes que leer poemas, y debes intentar hacer algo ‘. “

Hirsch leyó a Gerard Manley Hopkins y se conmovió con los “terribles sonetos”, seis poemas que Hopkins escribió entre 1885 y 1886, durante una crisis espiritual. “Los sentimientos son tan desolados, la desesperación es tremenda”, dijo Hirsch. “Cuando los leí, no me sentí más solo, me sentí menos solo. Me di cuenta, Santa vaca, que estos son sonetos; los transformó en algo, no los escribió de la manera en que estoy escribiendo. Comencé a imitar lo que estaba leyendo, y comencé a convertirme en poeta, a pesar de que lo que estaba escribiendo no eran buenos poemas “.

La forma de convertirse en poeta era leer todo en poesía, pensó Hirsch. Su enfoque fue intuitivo. “Seguí pistas”, dijo. “Eliot le dedica un poema a Pound, quien escribió ‘The Spirit of Romance’ sobre los trovadores, y luego lees los trovadores y estás en medio de la poesía del siglo XIII.” En su segundo año, dijo, “Yo descubrí a los románticos-Byron, Keats, Wordsworth, Blake-y me emocionaban los modernistas: Eliot, Pound, Stevens. Estaba marchando a través de la poesía “.

“Ella fue un rescate”.

En su penúltimo año, sin embargo, se había desencantado de los modernos por lo que consideraba su frialdad. “Estaba loco por Eliot, pero luego leí ‘After Strange Gods’, donde dice: ‘Cualquier número grande de judíos libres es indeseable’. Eso fue impactante para mí “. Quería algo igualmente intelectual pero más acalorado. “Lo que definí fue la poesía de Europa del Este y de España y América Latina”, dijo. “Encontré al poeta húngaro Miklós Radnóti. Leí a Czeslaw Milosz y Attila József. Leí al poeta turco Nâzim Hikmet, leí a los rusos, especialmente a Mandelstam, Akhmatova, Tsvetaeva. Lo que me encantó fue la seriedad moral. La gran vocación. El enfrentar el sufrimiento Mis maestros no sabían mucho sobre esta poesía. Conocían la historia de la literatura inglesa; podría aprender eso, también, pero esta otra cosa fue genial. Sentí que tenía un llamado, y este iba a ser el trabajo de mi vida “.

Dos tensiones se desarrollaron en su escritura. El primero, que fue democrático y descendió de Whitman a través de William Carlos Williams y Philip Levine, fue para poner personas y experiencias en poemas que no eran temas de poesía habituales. “Trabajadores de fábricas, camareras, gente que conocí crecer en Chicago, hablando en un idioma que no se oía en la poesía”, dijo. El otro fue “un lado mandarín estético alto”. Quería escribir sobre Paul Klee y Gérard de Nerval y Cocteau. Si me hubieras dicho, sin embargo, cuando tenía veinticuatro años que escribiría sobre Skokie, Illinois, donde crecí, hubiera dicho: “Estás loco. ¿Por qué iba a tener a Skokie en un poema? Pero te vuelves resignado. Tu trabajo es escribir sobre la vida que realmente tienes “.

Hirsch tenía un primo que era abogado en Nueva Orleans, quien lo puso en contacto con la mujer de su empresa que a veces manejaba adopciones. En agosto de 1988, poco antes de que Hirsch y Landay se fueran a Roma, el abogado llamó y dijo que una mujer joven se había acercado a un colega. En octubre, el abogado llamó para decir que la mujer había tenido un parto. Gabriel nació el 23 de octubre. Landay y Hirsch lo llevaron a Chicago para ver a unos parientes y volvieron a Roma antes de que transcurriera una semana. Encontraron a una niñera a la que le gustaba llevar a Gabriel por el vecindario en una carriola, y cuando lo sacaron enlas suyas a veces escuchaban a extraños llamar, ” Ciao , Gabriele “.

Desde Roma, regresaron a Houston. Gabriel era un durmiente inquieto. “Solíamos maravillarnos de que nunca dejó de moverse en la cuna”, dijo Hirsch. Cuando era pequeño, creció fácilmente sobreestimulado y estaba sujeto a ataques de mal genio. Un día, tuvo una rabieta por tomar un medicamento. “Rompió una lámpara”, escribió Hirsch en el dossier. “Estaba fuera de mí. No podría soportarlo más. De repente, me senté y comencé a llorar. Gabriel estaba instantáneamente calmado. Él se veía tan sorprendido. ‘¿Qué pasa, papá?’

“‘Creo que soy un padre pobre’, dije resoplando. ‘Te decepcioné. No puedo controlarte No puedo lograr que tomes tu medicina.

“Eres un buen padre, papá”, dijo, dándome palmaditas en la pierna. ‘Tomaré la medicina ahora’.

“Un par de meses después, lo mismo le sucedió a Janet. Ella de repente rompió a llorar durante uno de sus berrinches. “No llores, mamá”, la tranquilizó. ‘Eres una buena madre’. “

Gabriel odiaba la escuela desde el principio. “Hubiera sido divertido si no hubiera sido tan horrible”, escribió Hirsch. “Él lloró histéricamente. Él arrojó cosas. Se aferró al sofá y se aferró a una silla. Lo arrastramos pateando y gritando. Yo era comprensivo porque había sido de la misma manera en la guardería, un conductor de autobús tuvo que entrar a la casa y sacarme del armario, pero el mundo es un lugar difícil, chico, y tienes que ir a la escuela. . Asi es como funciona. La ley es la ley.”

En la escuela primaria, Gabriel tomó más del tiempo del maestro de lo que era práctico. “Hizo muchas preguntas; él interrumpió mucho “, dijo Hirsch. “Simplemente no podía, o no seguiría las instrucciones. Fue demasiado difícil para él. Lo principal de él era que tenía una cantidad ilimitada de energía. Solíamos correrlo como un cachorro. Creo que parte de sus problemas en la escuela fue que no podía quedarse en un solo lugar “. Al final del año, el director les dijo que deberían encontrar otra escuela.

Para ese momento, Gabriel había desarrollado una serie de tics. “Tenía una tos que era un tic”, dijo Hirsch. “Y una forma en que solía pasarse las manos por la cara”. Sus padres lo llevaron a un psiquiatra, que se los envió a un colega, “un especialista que tenía el nombre de Nabokov, el Dr. Doctor”, dijo Hirsch. El especialista diagnosticó el síndrome de Tourette, que no tiene cura. Escribió recetas para mitigar los comportamientos de Gabriel, “una gran cantidad de medicamentos para un niño de ocho años que tenía problemas para leer, prestar atención, llevarse bien con los demás, dormir”, escribió Hirsch. Hirsch me dijo que los medicamentos hacían que Gabriel se sintiera “atontado, lo engordaban, lo hacían sentirse apisonado”. Sin embargo, eliminaron algunos de sus tics y los hicieron menos insistentes. “Le permitieron dormir toda la noche”.

Cuando Gabriel se acercaba al final del sexto grado, dijo Hirsch, su escuela “gentilmente sugirió” que él y Landay encontraran otro lugar para él. Una noche, después de que Gabriel estaba dormido, Landay dijo que pensaba que debería ir a un internado. Alguien le había contado sobre una escuela terapéutica en Virginia llamada Little Keswick, para niños de entre diez y quince años. Gabriel tenía once años. Little Keswick costó alrededor de noventa mil dólares al año. Hirsch había ganado un MacArthur Fellowship, y ese dinero, junto con lo que él hizo de lecturas de poesía y charlas, casi podría cubrirlo. “Tenía sentimientos fuertemente ambivalentes, parecía demasiado joven, pero no podía pensar en un plan mejor”, dijo Hirsch.

A Gabriel, sin embargo, le gustaba la idea de un internado. En cualquier otro lugar sería mejor que donde estaba, pensó. “Trató de convencerme: ‘Esta es una buena idea, papá'”, escribió Hirsch.

“‘Eres demasiado joven, Gabriel’, repetí. ‘Solo tendrás doce años. No puedes saber lo que es bueno para ti.

“Gabriel fue inflexible. ‘Lo haré bien allí’, prometió. ‘Esta es una buena idea, papá, créeme’. “Los psiquiatras lo apoyaron.

Una vez que Gabriel llegó al internado, sintió nostalgia y quería irse. Dijo que iría a su vieja escuela y se comportaría. Hirsch y Landay habían pagado la matrícula de un año, y era demasiado tarde para recuperarla. Gabriel se quedó. No lo hizo bien, pero lo hizo un poco mejor. A menudo se metía en problemas por no seguir instrucciones o por discutir o ser irrespetuoso. Como muchos de sus compañeros de clase, gritaba respuestas cuando las conocía y gritaba cuando no las conocía. Un terapeuta escribió: “A Gabriel no le queda claro un concepto de sí mismo, qué soy yo y no yo, en qué soy bueno y cómo me desempeño como agente activo en el mundo”.

Mientras Gabriel vivía con sus padres, lo enviaron a dos diferentes escuelas dominicales judías, pero tuvo problemas para aprender hebreo. A Hirsch tampoco le había gustado la escuela dominical. Él y Landay decidieron que renunciarían a que Gabriel tuviera una educación judía; otros temas parecían más apremiantes que si tenía un bar mitzvah.

En 2003, mientras Gabriel estaba en octavo grado, Hirsch se convirtió en el presidente del Guggenheim. Sentado en su oficina, me dijo que al año siguiente el médico de la escuela dijo queno creía que el diagnóstico de Gabriel de Tourette fuera suficiente. Si piensas en el cerebro como una centralita telefónica, el doctor dijo, Gabriel tuvo muchas cosas noqueadas. Un diagnóstico más apropiado fue el trastorno de desarrollo PDD-NOS, no especificado de otra manera, una forma leve de autismo que se presenta en una multiplicidad de formas tal que Hirsch lo consideró “una confesión técnica de ignorancia”, dijo. “‘No especificado de otra manera’ me pareció tan vago que era como si dijesen: ‘No sabemos lo que está mal’. “

Gabriel ingresó al décimo grado en una escuela en Washington, Connecticut, llamada Devereux Glenholme. No le gustó de inmediato; él dijo que era como una prisión. Hirsch y Landay lo llevaron a almorzar y a ver una película, y se horrorizaron cuando regresaron a la escuela y un miembro de la facultad lo registró. Hirsch le preguntó al hombre qué estaba buscando. Drogas, cigarrillos, CD de contrabando y goma de mascar, dijo el hombre. Hirsch habló varias veces al director. “Dijo que lo investigaría, pero nada cambió”, dijo. “Después de un tiempo, comencé a sentir que estaba ligeramente exasperada con mis quejas”. Gabriel comenzó a llamar al lugar “el agujero infernal”.

Hirsch y Landay llamaron a Gabriel con la frecuencia que permitía la escuela. Una noche, Gabriel sonaba más infeliz que de costumbre. “‘Suenas solitario’, le dije”, escribió Hirsch. “‘Está bien, papá'”, dijo Gabriel. ” ‘Estoy acostumbrado a eso.’ “La actividad de la que Gabriel disfrutaba era trabajar en el comedor de la escuela como cocinero. Aprendió a cocinar hamburguesas y hacer ensaladas. Pensó que le gustaría algún día ser un chef.

Gabriel dejó Glenholme al final de su segundo año y se fue a Franklin Academy, en East Haddam, Connecticut, donde se habían ido algunos de sus compañeros de clase de Little Keswick. Para entonces, Hirsch estaba viendo a Watel, a quien había conocido en la Conferencia de escritores Bread Loaf. Después de meses de consejería matrimonial y luego de enfrentar la angustia de decirle a Gabriel, que resultó que ya había adivinado el problema, Hirsch consiguió un departamento en Brooklyn con un dormitorio para Gabriel. Compró los mismos muebles para Gabriel que para él mismo. “Me sentí muy aliviado cuando llegó y me gustó su habitación”, dijo Hirsch.

“Si pudiera recuperar el noventa por ciento de las cosas que digo, entonces creo que la gente conocería al verdadero yo”.

En 2006, cuando Gabriel cumplió dieciocho años, dejó de tomar todos sus medicamentos. Fue un regalo que se dio a sí mismo; él dijo que lo convirtieron en un zombi. Durante un par de años después de graduarse de Franklin, vivió con Landay en Nueva York. Luego se mudó a Amherst, Massachusetts, a la casa de una mujer joven que era trabajadora social. Se inscribió en un curso de capacitación prevocacional, cuyo director lo llamó “una brillante chispa de persona”. También trabajó esporádicamente en trabajos ocasionales. Un día, llamó a Hirsch y le dijo que estaba en el cementerio occidental, en el centro de Amherst, cortando la hierba, y que había encontrado la tumba de Emily Dickinson. Hirsch le pidió que leyera la inscripción. “Llamado de regreso”, dijo Gabriel. Otra trabajadora social que vio a Gabriel con frecuencia, una joven llamada Christa Pylant, me dijo que lo consideraba “una persona profundamente reflexiva, con fuertes sentimientos sobre su familia y sus novias y el mundo. Tenía un profundo cinismo, y habló un poco duro, pero fue para cubrir su falta de confianza en sí mismo “.

En octubre de 2010, Gabriel se metió en problemas con la policía. Dos amigos le pidieron que lo llevara a la casa de una mujer que conocían. En el camino, le dijeron que planeaban irrumpir. Gabriel se intimidó lo suficiente como para que no los rechazara. Mientras esperaba, tomaron un televisor y una computadora. Alguien vio el auto de Gabriel y la policía lo acusó de dos delitos mayores, por los cuales obtuvo un período de prueba de seis meses. El encuentro lo asustó, e incluso antes de que el caso fuera resuelto, se mudó nuevamente a Nueva York, donde vivió entre las habitaciones de su madre y las de su padre. Se fue con una joven llamada Tamar, que era esbelta, morena y delgada como un ave zancuda. Les gustaba comprar juntos; a ella le gustaba comprarle ropa. Todos los miércoles por la noche, Tamar hacía hot dogs y galletas horneadas, y vieron “Ultimate Fighting” en televisión. Con amigos, vieron películas pirateadas que compraron en la calle por cinco dólares.

Gabriel y sus amigos a menudo comenzaban a festejar a las diez u once de la noche, como figuras en una novela rusa. Fueron a raves en Williamsburg y Chelsea y Tribeca. Su vida social fue dramática. “Estaba peleando repetidamente con amigos, hablando de ellos, reconciliándose con ellos”, escribió Hirsch. “Tenía un círculo pequeño pero intenso. Fuera lo que fuera lo que estaba sucediendo en su vida, siempre era mucho más feliz cuando sus amigos estaban cerca. A su manera, tenía un don para la amistad. “Debido a que Gabriel era esencialmente nocturno, era imposible que Hirsch lo siguiera. “Me preocupaba por él todo el tiempo”, dijo. Tres días a la semana, Gabriel vino a su oficina para una asignación. A menudo le decía a su padre que se preocupaba demasiado.

Un día de 2011, Gabriel estaba en el departamento de West 109th Street, donde su amigo Joe Straw, que era un poco mayor que Gabriel, vivía con su madre. Gabriel y Straw estaban jugando un videojuego. Sus juegos se calentaron tanto que jugaron de pie. “Gabrielestaba un poco atrás de mí “, me dijo Straw. “Él estaba diciendo, ‘Oh, sí, mira, porque te tengo ahora’, y luego lo escuché tirar al suelo.” Straw se dio cuenta de que Gabriel estaba teniendo un ataque, y puso su mano en la boca de Gabriel para mantenerlo de morderse la lengua. La madre de Straw llamó al 911 y, mientras esperaban, Straw dijo que tenía a Gabriel tan apretado como podía. “Los médicos le preguntaron qué año era, y él no dijo el año correcto”, dijo Straw. “Seguía quitándose su máscara de oxígeno y saludándola, como si fuera un teléfono”.

Unas semanas más tarde, Landay y Hirsch llevaron a Gabriel a un hospital para hacerse exámenes. Gabriel tenía la esperanza de que las pruebas identificaran la razón de todos sus problemas y que hubiera un tratamiento para curarlo, pero las pruebas en realidad no mostraron nada. “Nadie tenía idea de qué le pasaba”, dijo Hirsch. Gabriel estaba desconsolado. Tuvo otra convulsión, en Chicago, mientras él y Tamar visitaban a la madre de Hirsch. Durante el almuerzo en un restaurante, sus ojos se volvieron hacia atrás y cayó sobre el hombro de Tamar. Estaban sentados en una cabina junto a una ventana, y él comenzó a golpear la ventana. La convulsión duró aproximadamente un minuto. Luego comenzó a besar a Tamar, y ella lo abrazó. Tenía los nudillos magullados, tenía un terrible dolor de cabeza y no podía recordar nada de lo que había sucedido.

Hirsch y yo habíamos estado hablando por un par de horas. La noche caía y las ventanas se volvían más oscuras. Caminó por la oficina, recogiendo sus cosas. “No me preocupaba solo por su bienestar actual”, dijo. “Era tan poco mundano que era difícil imaginar un camino para él en el futuro. Parecía tan inadecuado para el mundo práctico que nunca podría verlo como un hombre de mediana edad. Nunca se me ocurrió que moriría, por supuesto, especialmente si era tan joven. Era demasiado horrible como para pensar. A veces confiaba en las personas equivocadas y tomaba malas decisiones, pero también era muy conmovedor y lleno de alegría. Estaba incomparablemente vivo y tan inesperadamente carismático. Mi corazón se levantó cada vez que lo vi. Es realmente imposible creer que ha dejado el mundo para siempre. Hizo una pausa, y por un momento pareció superado.

“Lo siento, no puedo ayudarte, estás sujeto a la ley de aves ahora”.

Escribir “Gabriel” requirió que Hirsch, por primera vez, buscara entre un enorme cuerpo de material para el cual tenía que encontrar una forma y una forma. Encontró un principio de organización en el modelo de estrofas de tres líneas. Le gustaba que cada estrofa tuviera un comienzo, un medio y un final. Por lo general, la estrofa de tres líneas es “un dialecto del inframundo”, me señaló Eavan Boland. “Una señal de que el poema trata sobre el duelo”. Esto se debe principalmente a que invoca terza rima, el esquema de rima de tres líneas de la “Divina Comedia”. Las líneas de Dante riman aba, bcb, cdc, etc., pero las líneas de Hirsch son sin rima Las estrofas de Hirsch también están impune, lo que les permite moverse hábilmente y soportar lo que el poeta CK Williams me describió como “cosas triviales y cosas grandiosamente no triviales”: las payasadas de Gabriel, su humor y presencia, pero también el peso de los propios sentimientos desolados de Hirsch. Charles Simic me dijo que el ritmo y la fluidez de las estrofas le recordaban a “la forma en que los recuerdos se derraman”.

La estructura final -secciones de diez estrofas, cada sección ocupando una página- le ocurrió a Hirsch después de cuatro meses. Las secciones a veces llevan la narrativa del poema, y ​​algunas veces transmiten asociaciones que son una especie de comentario. No son poemas en sí mismos; Hirsch los llama “poemas cercanos”. Le gustaba que las rápidas alternancias de tono y tema parecieran evocar la voluntariedad y la impulsividad que eran características del temperamento de Gabriel.

Un día, me senté con Hirsch en su oficina y revisé los borradores de “Gabriel”, que llenaba una de esas cajas de cartón llamadas Bancos de Bancos. Hirsch sostuvo la caja en su regazo y hojeó las páginas. De vez en cuando, levantó varias páginas del archivo. “Oh, wow, ves muchos errores cuando lo lees de esta manera”, dijo. “Esta fue toda una sección que no incluí donde lo llamaba ‘Dada Boy’. Tenía muchas anécdotas debajo de Dada Boy. Dada boy capturó algo, pero al final no pensé que funcionó tan bien. “Volvió a guardar las páginas y eliminó algunas otras. “El niño con un audífono”, dijo. “Tenía ‘El niño con auriculares no tenía la paciencia de un flâneur. No le gustaba tomarse su tiempo y quedarse por las avenidas. Estuvo sucediendo así por un tiempo. Decidí que era una pista falsa “.

La siguiente sección que Hirsch examinó, sobre la manera de Gabriel, es parte del poema final. “Tuve un exceso de historias sobre la impulsividad de Gabriel, y decidí hacer una sección particular sobre el Sr. Impulsivo, que esperaba que tuviera una sensación de sorpresa”, dijo. La sección comienza:

El Sr. Impulsive salió de la clase cuando no le gustaba lo que decía el maestro. Era aburrido.

El Sr. Impulsive se escabulló en una tormenta vistiendo pantalones cortos y una esposa batiendo pronto

estaba temblando

Los vecinos se quejaron con el propietario. Se quejó de mí, pero el Sr. Impulsivo no se molestó en cerrar la puerta.

Todas las escuelas a las que asistió Gabriel, Hirsch se condensaron en una sección escrita usando la estructura de una letra de blues. “Me encanta el blues, y me pareció un buen tema para la forma, ya que así es como se sentía acerca de la escuela”. Comienza la sección:

Está cantando el blues de la Escuela Primaria Poe. Está cantando el blues de la Escuela Shlenker en una escuela diurna. Para los descendientes de los luchadores de la clase media alta.

Está cantando el blues de la escuela Montessori Está cantando el blues de la Escuela Monarch Para niños con trastornos de la función ejecutiva

Y termina:

No hay más academias para asistir. No se hizo amigo del estudio. Un terapeuta lo llamó uno de los niños perdidos.

Cogiendo otra serie de páginas, dijo: “Pensé que no había captado lo suficiente acerca de la preocupación. Janet y yo estábamos interminablemente preocupadas. Entonces hay una sección sobre la preocupación. Cambié el final de ‘nosotros’ a ‘yo’. “La sección dice:

La noche con sus lámparas encendidas La noche con su cabeza en sus manos La madrugada

Miro hacia atrás a los padres preocupados Paseando por la casa ¿Qué vamos a hacer

La noche de la clínica La noche de la psicológica La mañana boca abajo en la almohada

Los expertos pueden manejarlo Los expertos no tienen idea de cómo manejarlo

Hay enigmas en la oscuridad Hay misterios enviados sin reflectores

Las estrellas se esconden esta noche La luna está fría y pedregosa Detrás de las nubes

Noches sin ver Mañanas de la vista larga No es un sprint, sino un maratón

Lo que sea que podamos hacer 
Debemos hacer
la resolución de cada mañana

Pero a veces sospechábamos que lo castigaban por algo oscuro que habíamos hecho

Nunca abandonaría el rompecabezas Dormir en la habitación contigua Pero no podría resolverlo.

Una noche, durante una cena en el Café Luxembourg, en el Upper West Side, un camarero puso platos frente a nosotros, y Hirsch dijo: “Hay otra cosa que quisiera contarte sobre mi dolor: me sorprendió descubrir que no pudo leer Incluso la poesía, que siempre había acudido en mi rescate, no podía protegerme ni consolarme. La gente es insustituible, y el arte, no importa cuán bueno, no los reemplace. Me tomó esta tragedia sentir eso. Mucha gente ha muerto a quien amo, pero todavía encontré un gran consuelo en la poesía. Quedarme solo y no poder leer significaba que era irreconocible para mí “.

“Ese es mi almuerzo.”

Un ayudante de camarero sirvió agua en nuestros vasos. Hirsch continuó: “Solía ​​creer en la poesía de una manera que no tengo ahora. Solía ​​sentir que la poesía nos salvaría. Cuando escribía ‘Gabriel’, incluso las cosas dolorosas me consolaban, pero cuando salgo del poema me doy cuenta de que el poema no me devuelve a mi hijo. El arte no puede devolvérselo. Te consuela un poco, mejor que casi cualquier otra cosa, pero aún te quedan tus pérdidas “.

El camarero regresó cuando estaba en medio de una oración y me dijo: “Perdóneme, ¿pero estaba hablando de Richard Howard?” Dijo que había traducido poemas de húngaro y preguntó si nos gustaría escuchar uno. Se inclinó sobre nuestra mesa y habló justo por encima de un susurro. Las palabras húngaras sonaban como conjuros y como pequeñas campanas sonando. Me preguntó si nos gustaría escuchar su traducción. Supuse que estaba recitando algo oscuro, pero cuando terminó, Hirsch dijo: “Guau, lo hiciste rimar. La traducción estándar no “.

Dije: “Este es Edward Hirsch”, y él y el camarero se dieron la mano, y luego se fue el camarero. Hirsch y yo volvimos a nuestra conversación. “Una de las secciones del poema que es muy importante para mí es la de llevar bolsas de cemento sobre los hombros”, dijo Hirsch. La sección comienza:

No sabía que el trabajo de luto es como llevar una bolsa de cemento a una montaña de noche

La cima de la montaña no está a la vista Porque no hay cima de la montaña Pobre pena de Sísifo

No sabía que iba a luchar A través de una maleza andrajosa Sin un camino ascendente

Y termina:

Mire de cerca y verá Casi todos llevando bolsas de cemento sobre sus hombros

Es por eso que requiere coraje levantarse de la cama por la mañana y escalar en el día.

“Es un reconocimiento de que no eres el único que está llevando a cabo este dolor”, dijo Hirsch. “Eso parece importante para el poema, un reconocimiento de que otras personas también están desconsoladas”.

El camarero colocó nuestro cheque en la mesa. “‘Puse estos memorandos de mis afectos'”, dijo. Hirsch sonrió. “Ese fue el primer poema tuyo que aprendí”, dijo el camarero.

Gabriel y Tamar llegaron a la oficina de Hirsch a primera hora de la tarde del 26 de agosto para conseguir algo de dineropara el fin de semana. El huracán Irene debía llegar esa noche. Hirsch le dijo a Gabriel que la tormenta iba a ser grave.

“‘No te preocupes tanto, papá'”, escribió Hirsch en el dossier.

“Le di un beso de despedida y le dije que lo amaba, como lo había hecho miles de veces antes. Dije que lo amaba cada vez que hablaba con él.

“‘Yo también te amo’, dijo.

“Nuestro ritual completo, él salió por la puerta”.

La lluvia comenzó a caer esa noche alrededor de las nueve. Gabriel y Tamar estaban en el departamento de Landay, en el Upper West Side. Hirsch, en su casa de Brooklyn, estaba leyendo traducciones de las once canciones de Guillermo IX, duque de Aquitania, porque tenía una idea para un poema al estilo de los trovadores. Se fue a dormir con lo que él llama “la última noche de mi vida anterior” y se levantó el sábado por la mañana y comenzó a trabajar en el poema trovador.

El sábado por la tarde, Landay llamó y dijo que Gabriel no había vuelto a casa. Él no estaba respondiendo su teléfono. Tamar también lo había estado llamando. Landay había llegado al joven que Gabriel había dicho que se iba a encontrar, y él dijo que Gabriel había cancelado su bebida.

Dos policías llegaron al departamento de Landay, pero dijeron que como Gabriel no tenía menos de dieciséis o más de sesenta y cinco años, no podían buscarlo. Sería elegible para una búsqueda si tenía una enfermedad potencialmente mortal, pero ni la epilepsia ni PDD-NOS contaban como uno. Veintidós años de edad a menudo se comportan de esta manera, dijo uno de los oficiales. Le dijo a Landay que verificara con los amigos de Gabriel; uno de ellos sabría dónde estaba.

Gabriel no estaba en ninguno de los hospitales a los que llamó Landay. El metro había dejado de funcionar, debido a la tormenta. Todavía estaba lloviendo. Hirsch y Landay pensaron que tal vez se había quedado sin dinero y que su teléfono celular había perdido su carga, y que estaba atrapado en algún lugar y no podía llegar a casa.

La lluvia cesó el domingo, pero el metro se mantuvo cerrado. Otros dos oficiales le dijeron a Landay que no había mucho que pudieran hacer; Gabriel era lo suficientemente mayor para ir donde quisiera.

El lunes por la mañana, alrededor de las seis, después de pasar la noche mirando por la ventana, Hirsch comenzó a caminar hacia su oficina. Al cabo de dos horas, cruzó el puente de Manhattan, caminó por Chinatown, subió por Bowery, hasta Park Avenue, y llegó a su escritorio. Los amigos de Gabriel pensaron que estaba escondido en alguna parte con una mujer. Joe Straw pensó que era una mujer brasileña en Tribeca. Él no sabía su nombre, solo la llamaba Brasil. Solo había estado en su departamento una vez y no estaba seguro de dónde estaba, pero reconoció el edificio cuando lo vio, dijo. Hirsch y Straw comenzaron a caminar por las calles buscándolo. Cuando lo encontraron, tocaron su timbre, pero nadie respondió.

Se sentaron en una escalinata al otro lado de la calle. Comenzó a oscurecerse y se encendieron las luces de la calle. “Había tres juegos de ventanas apilados uno encima del otro”, me dijo Straw. “El medio era de ella. Desde la luz de la calle, se podía ver prácticamente cada sección de su departamento. Nadie estaba allí. Ni siquiera ella. Entonces solo estamos atrapados allí. Todavía estamos buscando. Ni siquiera sé por qué. Supongo que porque la búsqueda es tan desesperada en este punto “.

La luz de la calle frente al edificio parpadeó. “Esa es una mala señal”, dijo Straw. Hirsch dijo que era solo una farola. Straw comenzó a enojarse. Cuando se apagó la luz, dijo: “No sé dónde está mi amigo Gabe”, escribió Hirsch. “‘Pensé que estaba aquí, pero ahora ya no sé más. El está perdido.’ “

Straw dijo que tenía que irse, y Hirsch le dio dinero para el metro. Hirsch esperó un poco más, diciéndose que una farola era solo una farola. Decidió ir a casa y revisar el edificio por la mañana.

A última hora del lunes por la noche, Landay tuvo la idea de examinar los registros telefónicos de Gabriel, cosa que podría hacer dado que el teléfono estaba a su nombre. Hubo varias llamadas y mensajes de texto a alguien en Jersey City. La última llamada telefónica de Gabriel, hecha a ese número, fue a las doce y media del sábado por la mañana.

El martes por la mañana, Landay había descubierto la dirección del número de teléfono. Ella y Hirsch fueron al recinto más cercano, donde un oficial anotó sus números de licencia de conducir. Después de aproximadamente una hora, cuatro policías los acompañaron a una oficina.

De acuerdo con un fiscal asistente llamado Mike D’Andrea, con quien hablé por teléfono, a la gente de la fiesta se le dio una droga llamada GHB. Las iniciales a veces representan Grievous Bodily Harm y, a veces, Georgia Home Boy. Es un sedante, ocasionalmente empleado para tratar la narcolepsia, y a veces se usa como una droga de violación en una cita. Puede causar náuseas y, en grandes dosis, convulsiones. Los empleados de la ambulancia encontraron a Gabriel en el piso, inconsciente.

En el funeral de Gabriel, Joe Straw dijo que había escrito algo pero que había decidido no leerlo. La paja es compacta y musculosa, con una cara en forma de corazón, ojos azules y cabello largo y negro. “Solo quiero hablar contigo sobre lo que fue estar con Gabe”, le dijo a la audiencia. “Gabe fue mi mejor amigo, mi mano derecha. Gabe era miwingman Cuando hice mis esfuerzos, Gabe siempre estuvo conmigo “.

En las declaraciones de Straw, Hirsch dijo que sentía “la persuasión de Gabriel, su generosidad, su gran alegría. Se sintió feliz, escuchando a Joe, de que Gabriel había vivido tan plenamente “. El discurso de Straw, más o menos como lo pronunció, ocupa dos secciones en” Gabriel “. Es como si, a la manera de una tragedia griega, un miembro del coro se había adelantado para hablar.

Straw describió lo que él y Gabriel habían hecho en el último cumpleaños de Gabriel, el 23 de octubre de 2010, una historia que Hirsch nunca había escuchado. Habían ido esa noche a un salón de tatuajes en el Lower East Side para ver la pelea del Ultimate Fighting Championship entre Brock Lesnar y Cain Velasquez. “Son personas locas reunidas en esta tienda”, me dijo Straw, lo que significa que el lugar estaba abarrotado. “Todos beben, miran las peleas, se divierten”. Había hablado de querer apostar a Velázquez, el desvalido, pero no lo hice. Sin embargo, le estaba diciendo a todo el mundo: “Mire el tamaño de su cabeza”. Él solo se ve malvado. Gabe dijo: “Tienes razón”. “Gabriel pensó que Velázquez tenía una cabeza como un ladrillo.

“Justo antes de que comience la pelea, este gordo con barba y muchos piercings levanta la mano con un gran paquete de dinero y dice que tiene quinientos dólares para Brock Lesnar”, dijo Straw. “Gabe dice: ‘Tengo esto’ y hacen la apuesta. Ahora, sé que Gabe solo tiene cuarenta dólares en los bolsillos, así que también sé que si perdemos tendré que gastar todo mi dinero para cubrirlo, y solo tengo doscientos. Yo quería patearlo. Brock fue uno de los favoritos de ocho a uno “.

La pelea terminó en la primera ronda y Caín Velasquez ganó. “El tipo grande vino y contó el dinero y lo puso en una mesa como si no fuera nada”, dijo Straw. “Ahora tenemos todo este dinero en efectivo. Estamos con nuestro amigo Juan y nos vamos, y vamos a este club a unas pocas cuadras de donde hay una línea muy larga. Es inútil Solo están dejando entrar a muy pocas personas, y todos se visten muy formales, y nosotros no. Gabe debe haber escuchado algo. Se acerca a Juan y le dice: ‘La familia Ming’. Somos dos tipos blancos, y un medio negro, mitad nativo americano. Juan le dice al gorila, ‘Estamos con la familia Ming’, y Gabe está detrás de él con una sonrisa, como si supiera que esto va a funcionar “.

“Dirige tus comentarios al jurado, al consejero, no al coro griego”.

El gorila les dejó pasar, y subieron al salón de baile donde se agregaron a la recepción de la boda de la familia Ming. Gabriel le dijo a la gente que estaba emparentado lejanamente. Las chicas chinas con las que intentaron hablar casi no hablaban inglés, así que finalmente se fueron y bajaron a un bar donde había otra fiesta.

“Todos están atentos”, dijo Straw. “Gabriel comienza a gastar su dinero, comprando bebidas a todos”. Entonces resulta que Juan conoce al barman. Su nombre era Spam. Gabe compró tantas bebidas que Spam comienza a darnos bebidas. Yo estaba solo como, ‘mira a Gabe, bailando en el bar el día de su cumpleaños, sintiéndote campeón porque compró el bar’. Todo el mundo iba hacia él diciendo: “¿De dónde eres? ¿Cuál es tu nombre?’ luego volteé hacia otra persona y le dije: ‘Consiguió la bebida de mi amigo’. Fue la noche más feliz de su vida “.

Gabe, Juan y Joe se quedaron en el bar hasta la última llamada. “Entonces no sé por qué, pero terminamos en Union Square”, dijo Straw. “Es nebuloso. Recuerdo que saltábamos a la parte trasera de un camión de basura para ayudarnos a donde queríamos ir. Los basureros detuvieron el camión y comenzaron a perseguirnos. Eran totalmente Bensonhurst gordos, con sobrepeso. Uno de ellos tenía un bate de béisbol. Solo duraron hasta el final de la cuadra. Todavía puedo oírlos silbar detrás de mí, tratando de atraparnos “.

Luego, los tres caminaron unas pocas cuadras hasta que vieron un camión de reparto con las puertas traseras abiertas y sin nadie a su alrededor. “Es un camión de pastelería”, dijo Straw. “Cogimos varias cajas de pasteles, y estamos corriendo y comiendo, borrachos y riéndonos”. Cuando Straw se había comido todos los pasteles que quería, fue a tirar el resto a un bote de basura, pero Gabriel se los quitó. De su premio en dinero, a Gabriel le quedaban unos cuarenta dólares. Entre él y Straw, tenía un par de cajas de pasteles, que distribuyó entre los hombres sin hogar en Union Square. Cuando Straw le preguntó qué estaba haciendo, Gabriel dijo: “Acabamos de pasar la noche de nuestras vidas, y estos muchachos merecen un buen desayuno”. Luego fue a una cafetería al lado de la plaza y compró café para todos ellos, y uno de ellos le dio cinco dólares. Cuando terminó, se quedó sin dinero.

“Ni siquiera estaba enojado con él”, dijo Straw. ♦

Edward Hirsch
Poeta, prosista y editor nacido en Chicago (EEUU) en 1950.