indeterminación

John Cage

 

Buenos Aires - 2013

106 páginas / 14 x 20

traducción de patricio grinberg

ISBN 978-987-45079-0-7

89

 

Uno de los libros de Suzuki termina

con el texto poético de un monje japonés

que describe su alcanzar

la iluminación.

El último poema dice:

“Ahora que estoy

iluminado,

soy   tan  desdichado

 como  siempre.”

 

Una materialización y desmaterialización del silencio sonoro que se ve, por Cristian J. Molina

 

En 1958, David Tudor le propone a John Cage realizar una conferencia donde solo contara anécdotas. Así nace Indeterminacy, una lectura que Jonh Cage previamente escribe con el propósito de recuperar breves relatos, piezas, sin relación alguna entre ellas, más que la de su propio contacto. Un año más tarde, en 1959, esas anécdotas se convierten en una performance más compleja. Cage lee las pequeñas historias, mientras su compañero, David  Tudor, ejecuta varios sonidos (musicales o no) en otra habitación. Los oyentes escuchan la combinación aleatoria de los dos. Poco después, organiza una grabación de las anécdotas para el Instituto Smithsoniano y, más tarde, aumenta las mismas, y las publica. De este modo, Indeterminacy se fue sometiendo a múltiples avatares y versiones. En 2013, Zindo & Gafuri publica una antología de la edición completa de 1997, traducida por Patricio Grinberg; una variación rioplatense que permite acercarnos a la práctica de Cage.

La traducción impecable que se ofrece en una edición bilingüe es cuidadosa del trabajo con el espacio que en el original en inglés  sobreimprime en la página un modo de leer pausado y, por eso mismo, se articula con la escucha de una voz, lo cual genera una sinergia que tensiona al poema con la materialidad visual de la escritura. ¿Cómo leer, entonces, esta nueva versión en español, que es, a su vez, una muestra reducida de esa indeterminación que Cage ejecuta desde mediados de S. XX?

En principio, como una práctica que reformula la relación material de la escritura, que pone a esta versión en una vinculación aleatoria, sin un sentido único y definitivo, con una ejecución sonora que deviene. Y en ese trayecto, hay que reparar, en los cruces entre voz y escritura, por un lado, que genera un espacio cortado que recorre el libro de un extremo a otro, pero también entre música y escritura, que atraviesa en la misma materialidad de la página un sonido que se oye en su silencio. Hay, para decirlo de un modo, acaso simplificado, una articulación entre visión y escucha que materializa y desmaterializa la página en blanco a partir de palabras o grupos de palabras que se disponen en ella entre interrupciones más o menos breves.

Ya en el S XIX, Mallarmé planteaba en “Crisis de verso” que para llegar a la palabra esencial el poeta devenía una especie de intérprete musical que daba al ritmo y al verso su propia música a partir de la ejecución de su instrumento propio. Uno de los resultados de esta Idea, claro, fue ese poema golpeado por los dados que se diseminaba, como flotando, en diversos planos de una cuadrícula extendida, materializando la tendencia de Mallarmé de encontrar un poema que permitiera conjugar su intersección con diversas artes (música, teatro, artes visuales). El camino de Cage parece inverso por momentos. Se trata de partir del sonido hacia el silencio para llegar a las palabras aleatorias de la escritura que interrumpan ese silencio, dejándolo resaltar como sonido en su propia visualidad y escucha.

En este sentido, se comprende cuando Cage declara que el sonido  no necesita significar algo para obtener de él un placer muy profundo y que, por eso, la experiencia que prefiero sobre todas las otras, es la del silencio. De este modo, como la risa, y tal como Kant lo sostuvo, la música no necesita significar nada. Esa combinación, entre música y risa, sin determinación de sentido, es, también, la otra articulación que en esta ejecución tenemos que reponer para comprender las anécdotas contadas en Indeterminacy:

Cuando    Vera    Williams  se    enteró

de   que    coleccionaba

hongos    salvajes,

les   dijo   a    sus   hijos

que    no    tocaran    nada

porque    todos    eran     venenosos.

 

Algunos     pocos     días     después

compró    bifes

en    Martino’s                  y

decidió     servirlos

cubiertos     con    hongos.

 

Cuando

empezó    a   cocinar    los    hongos,

los    chicos

dejaron    de    hacer   lo   que

estaban   haciendo    y    la   miraron

atentamente.

 

Cuando   sirvió

la cena,

todos    se    pusieron    a     llorar.

 

En principio, esa articulación es nada más que eso, la de la juntura entre la risa y el silencio que recorre la mayoría de las historias de Indeterminacy; y, por momentos, de esa aparente superficie, se abre una especie de intensidad que nos deja en la indeterminación misma del pensamiento, en la apertura incesante de interrogantes y problemas que las historias multiplican entre sí.  Al mismo tiempo, entre sí, están dispuestas de una relación por contigüidad aleatoria en el conjunto, dotándolas de autonomía entre sí, incluso a pesar de que algunos motivos se repitan.

La anécdota número 67, que, a su vez, en la antología aparece ordenada como segunda, para contribuir a la ruptura del orden lineal (Grinberg, el traductor, cuenta que sortearon el orden de las mismas, sometiéndolo al azar, para respetar un poco el espíritu que anima la ejecución de Cage), cuenta que cuando le pidieron que escribiera un manifiesto sobre la nueva música, Cage solo escribió “impredecible e instantánea”; luego, “Nada se consigue escribiendo una pieza de música”, seguida de “nuestros oídos ahora están en forma excelente”; “Mi   firma// a continuación                      y// eso   era   todo   lo    que    había”. Intuyo que la instantaneidad imprevisible está materializada en Indeterminacy, y que ni siquiera la firma unívoca del artista puede sostenerse como lo único que hay allí, si extendemos esa ejecución al dúo con Tudor. En esta dirección, lo que cada anécdota impredecible aparece en esta muestra de Zindo & Gafuri es una relación deslumbrante con esa experiencia aún incierta y desconcertante titulada 4’ 33’’, que nos llega en la escucha de su silencio sonoro.

 

(Actualización julio – agosto 2014/ BazarAmericano)

 

<< volver a reseñas anteriores << 

procedimientos / formalizaciones (repetir catorce veces "si alguien tiene sueño déjenlo dormir"), prólogo por Patricio Grinberg

 

Lecture on Nothing, la primera conferencia que dio en su vida John Cage, empieza así: “No tengo nada que decir y lo estoy diciendo”. En muy pocas líneas consigue contradecirse aunque sin dejar de cumplir con lo que promete: no dice nada, o sólo dice aquello que puede decirse diciendo que no se dice nada. “No tengo nada que decir y lo estoy diciendo y esto es poesía como la que necesito”. La poesía debe apropiarse del silencio y el silencio sólo se consigue con palabras, con procedimientos específicos de palabras: hacer pausas enormes, desarticular las frases, repetir catorce veces en una misma página “si alguien tiene sueño déjenlo dormir”.

Desde esa conferencia de 1949, hasta su primera versión de Indeterminacy en 1958, John Cage dio más de doce conferencias siguiendo la misma lógica. Cada conferencia debía adecuarse rigurosamente a un procedimiento formal particular. Repeticiones de una misma frase, frases dispuestas aleatoriamente, preguntas sin respuesta y sin ninguna relación entre sí, respuestas diseñadas para responder a cualquier cosa que se le preguntara, todos simples procedimientos que respondían a su peculiar exploración poética. “Así como la entiendo, la poesía no es prosa, simplemente porque la poesía está de una u otra manera siempre formalizada”. Para Cage la poesía es sólo poesía en la medida que permite que ciertos elementos musicales –tiempo, silencio, sonido- puedan introducirse en el territorio de las palabras y de alguna forma interferir, completar, reformular el sentido que las palabras componen.

En septiembre de 1958 decidió seguir el consejo de David Tudor y dar una conferencia con anécdotas. Sólo eso, las anécdotas que siempre contaba, en la forma y en el orden en que las recordara. Treinta historias sin acompañamiento musical que tituló Indeterminacy: new aspects of form in instrumental and electronic music.

En 1959 repitió esa misma conferencia, corrigió las treinta historias originales y agregó otras sesenta y música. “Muchas de las historias son cosas que me pasaron y quedaron atrapadas en mi mente, otras son cosas que leí y otras son cosas que me contaron”. La estructura de la conferencia no estaba determinada, simplemente realizó una lista de todas las historias que pudo recordar y las presentó en ese orden. “Mi intención de poner 90 historias juntas de un modo caprichoso es sugerir que todas las cosas, sonidos, historias (y, por extensión, seres) están relacionados, y que esta complejidad es más evidente cuando no es sometida a una idea de relación en la mente de una persona”

Ese mismo año realizó una nueva versión grabada para el sello del Instituto Smithsoniano: las noventa historias originales, fueron nuevamente reordenadas y corregidas, algunas incluso fueron reemplazadas por otras. Cada una, independientemente de la extensión que tuviera, debía ocupar un minuto de la grabación: muchas resultaron casi incomprensibles, las más extensas, leídas a una velocidad ridículamente rápida, otras, muy breves, con enormes silencios, dejaban sólo suspendidas entre ruidos algunas pocas palabras.

Las historias siguieron aumentando y cambiando a lo largo del tiempo. En 1961 las publicó en “Silence”. Algunas de las noventa historias se encuentran –en una versión anterior a la grabada– bajo el título de Indeterminacy, algunas otras fueron desparramadas a lo largo del libro y otras simplemente fueron omitidas. En A Year from Monday  de 1967, aparece de forma incompleta una nueva versión, la mayoría bajo el titulo “How to Pass, Kick, Fall and Run” y otras incorporadas a “Diary: How to Improve the World (you will only make matters worse)”

Para esta antología se utilizó la edición que realizó Eddie Kohler en 1997. Las historias del 1 al 90 fueron tomadas de la versión grabada (Indeterminacy: New Aspect of Form in Instrumental and Electronic Music. Ninety Stories by John Cage, with Music.) y se las numeró siguiendo el orden en que se encuentran en el disco. Las 100 historias restantes fueron recuperadas de dos libros de Cage (Silence: lectures and writings y A Year from Monday: new lectures and writings) y se las numeró caprichosamente. La separación entre palabras dentro del espacio rectangular es un procedimiento desarrollado para imitar visualmente el silencio entre palabras que Cage le dio a cada historia para que pudiera durar exactamente un minuto.

Siguiendo las instrucciones de Cage, intentando evitar que la complejidad de la trama se pierda bajo cualquier idea de relación, esta antología se hizo de acuerdo a un método rigurosamente aleatorio: se colocó sobre una cuadrícula numerada una bolita de goma con tinta, una hormiga negra y una hormiga colorada.

Patricio Grinberg  2013

INDETERMINACIÓN, DE JOHN CAGE (Z&G)

Estos poemas de John Cage se inscriben, podríamos decir, en lo que Ginsberg mismo llamó «acontecimiento oral», basándose en el mismo discurso popular contra el que Eliot había advertido. Sus versos, medidos por las longitudes de las respiraciones del autor (en este caso silencios, sonidos y tiempos), encarnan una presencia corporal y experiencial, específica.

Patricio Grinberg, el encargado de la cuidadosa traducción a nuestro idioma, escribe en el prólogo de Indeterminación: «Lecture on Nothing, la primera conferencia que dio en su vida John Cage, empieza así: “No tengo nada que decir y lo estoy diciendo”. En muy pocas líneas consigue contradecirse aunque sin dejar de cumplir con lo que promete: no dice nada, sólo aquello que puede decirse diciendo que no se dice nada (…). La poesía debe apropiarse del silencio y el silencio se consigue con palabras, con procedimientos específicos de palabras»[1].

Sólo y que, a diferencia de Ginsberg o de Ashbery, la referencia no es «el mundo» o un cuadro. Mucho menos se trata de una reflexión sobre otra reflexión, como sucede con Los espejos de Yucatán Smithson. El carácter —repertorio— interdisciplinario en Cage recobra el sentido en virtud de su experiencia (o formación) musical: en sus poemas se incluyen sonidos, silencios, temporalidades específicas.

En ese sentido, estos poemas deben ser considerados en relación a un cuerpo de sonidos; el lenguaje es, en sí mismo y de sí mismo, sonido. Liberación por tanto de la determinación (no de base estructural) de la sintaxis y del significado.

El silencio no silencioso, por Mariano Massone

 

 

Abro el Word. Decía documento en blanco. Y pensé en hacer una reseña en blanco. También pensé en Cuadrado blanco sobre fondo blanco de Malevich y en 4’33’’ del mismísimo Cage. Pensé en cómo pensar lo real que es.

Sin explicaciones decidí escribir, pensé “no sé nada de la biografía de Cage”, pensé “sólo leí este libro y escuché algunas canciones”. Entonces me acordé que cuando uno se quiere aproximar más a la biografía, más lejos está de la obra. Y en esta obra se respetan los silencios.

Hay algo que va desde el cuentito con moraleja al comentario al margen – pero en primer plano-. Hay algo que tiene que ver con la orientación que dan esos cortes abruptos de la sintaxis con espacios en blancos. Explicarlo con palabras sería imposible, es lo real. La pasión por lo real.

El siglo XX intentó transformar violentamente lo real a toda costa. Ahora, que todo es tan discursivo – tan afuera de nuestro cuerpo- no entendemos esa relación con el material – con las palabras- hasta que no las vemos concretizadas en el espacio en blanco que las di  vi  de.

Así vamos reflexionando que lo que realmente se transforma está en otro lugar- el lugar que no está ahí- y la mejor forma de cruzar un arroyo es por la parte más baja. Cuanto menos agua corra, nuestros pies persistirán sobre el suelo – lejos del suelo.

Patricio Grinberg, el traductor de este libro, pone en su prólogo  una frase de Cage que dice “no tengo nada para decir y lo estoy diciendo”.  Pero, además, viene con el original del inglés. Lo que es una maravilla para los que saben inglés. Yo no sé otros idiomas – sólo sé español rioplatense- entonces la experiencia se me limita mucho.

La experiencia de leer un libro siempre es angustiante – sobre todo terminarlo. Nos quedamos como diciendo “y qué hago ahora con esto”. Quizás algo de filosofía zen hay en todo esto – de olvidarse de uno mismo, completamente.

La mínima diferencia entre lo que se dice y lo real hace la diferencia – mínima. No todo lo que se dice es lo que es, siempre hay más mucho más que lo que se dice. Si uno escucha 4’ 33’’ el silencio nunca es silencioso: una tos, un leve movimiento, puede desatar un huracán de sonido.

Ahora no tengo música puesta en mi casa, estoy en silencio. Sin embargo: el perro que ladra en la otra cuadra, un auto que pasa, el viento que sopla sobre las hojas del sauce. Eso es la experiencia de este libro de Cage- para mí.

Mariano Massone

Indeterminación, tres poemas

 

 

 

 

 

 

143

 

Cuando Vera Williams se enteró

de que coleccionaba

hongos salvajes,

les dijo a sus hijos

que no tocaran nada

porque todos eran

mortalmente venenosos.

Algunos pocos días después

compró bifes

en Martino’s y

decidió servirlos

cubiertos con hongos.

Cuando

empezó a cocinar los hongos,

los chicos

dejaron de hacer lo que

estaban haciendo y la miraron

atentamente.

Cuando sirvió

la cena,

todos se pusieron a llorar.

 

 

 

44

Durante una clase de contrapunto en

U.C.L.A., Schöenberg

envió a todos al pizarrón.

Teníamos que

resolver un problema particular que

nos había dado y recién darnos vuelta

cuando hubiéramos terminado para

que él pudiera comprobar la

exactitud de la solución.

Lo hice como indicó.

Dijo,

“Está bien.

Ahora encontrá otra

solución.” Lo hice.

Dijo,

“Otra.” De nuevo encontré

una. De nuevo

dijo, “Otra.”

Y así.

Finalmente yo dije,

“No hay más

soluciones.” Él dijo,

“¿Cuál es el principio

que subyace a todas las soluciones?”

Sobre INDETERMINACIÓN

Después de tanta agua pasada por el siglo XX, el siglo XXI se ha posicionado como el siglo de cierta reestructuración, de un constructo ajeno a la modernidad que caracterizó los dos siglos anteriores, y al mismo tiempo, como un siglo de construcciones alejadas de las ideologías que rigieron el mundo (tanto occidental como oriental) hasta hace poco. Pero más que un siglo con sus posiciones establecidas, se ha construido en sus inicios como un siglo de la indeterminación.

John Cage, influenciado por el clima posguerra, los problemas de un arte establecido desde trincheras demasiado estrictas, tal vez, construyó su mundo teórico-musical y literario desde el estudio de setas salvajes y la filosofía Zen. Y, principalmente, su principal preocupación fue el Sonido. Para Cage el sonido siempre existe, ya sea como silencio o dentro de su propia verbalidad, constituyendo así una idea cercana a lo que Derrida manejaba desde su famosa frase “no hay nada fuera del texto”.

Pero, a mi parecer, la temporalidad es una variable esencial. Tiempos actuales, de indeterminación, autosupresión del Yo, de hombres y mujeres “alejados de las ideologías”, de inseguridades, de agonía social (tal como Byung Chul-Han expresa en su texto “La Agonía del Eros”[i]) no posicionan favorablemente a Cage. La indeterminación que lo sustenta, que lo posiciona y lo levanta es también la ambigüedad de nuestros tiempos, la construcción de un mundo abierto a lo cuasi pornográfico de las relaciones humanas, la excesiva importancia de la información y la caída del arte y las humanidades en general. Esta indeterminación de Cage tampoco es consistente con lo que la literatura debe significar. La literatura, en especial la poesía, como constructo directamente relacionado con lo pasional del hombre (vale decir, con su razón y su actuar lleno en búsqueda de su “verdad”), no puede estar categorizada por la inseguridad de la indeterminación. No es posible dar pie a tragar cualquier cosa como digna de ser incólume al juzgamiento. No juzgar, acto característico del budismo Zen, es uno de los mayores problemas de la sociedad actual. Slavoj Zizek, filósofo esloveno, caracteriza con una humorada bastante cierta esta situación en la sociedad actual. En “Amor sin piedad: Hacia una política de la verdad”[ii], hace un acercamiento entre la caracterización de Max Weber hacia la ética protestante y el espíritu del capitalismo (ya que, bien sabemos, Weber establecía una directa relación entre la ética de esta práctica religiosa y la ética del propio capitalismo), ironizando que el propio Weber podría, en vista de nuestros tiempos, publicar “la ética budista y el espíritu del neoliberalismo”.

El desprendimiento no es la característica propia de la literatura ni de la filosofía. Sino todo lo contrario: el compromiso férreo, el “arrojo al mundo” como construcciones de cierta pasión del pensador, son aquellas cosas que dan importancia al texto como tal. Ortega y Gasset, en “Estudios sobre el amor”[iii] plantea que un hombre lleno de teorías en su cabeza es completamente distinto a lo que define a un teorizador. Un filósofo, un teórico, mantiene sólo una idea en su cabeza. Y es precisamente su compromiso intelectual y pasional frente al mundo.

Nuestros tiempos requieren precisamente lo contrario a lo que Cage plantea en Indeterminación: necesitamos reencontrar la veta creadora alejada de los caminos de la información como verdad, alejada de filosofías orientales que sólo llegan a hacer que ejecutivos cansados no se den cuenta de la brutalidad del mundo al descansar su “espíritu” haciendo yoga. Necesitamos recuperar la pasión que cientos de seres humanos perdieron autoconvenciéndose de que eran sujetos “alejados de ideologías”, y que entraron a un mundo de teléfonos celulares inteligentes y subdesarrollo, llenos de abundante ideología. Por la misma razón la poesía de la ambigüedad no es más que un aliciente a la constante y creciente destrucción del propio espíritu que se supone llega a reconstruir.

Zindo&Gafuri ha publicado “Indeterminación” de John Cage, bajo la traducción y la selección (al azar, según la tradición de Cage) de Patricio Grinberg. Es sorpresivo tener a Cage traducido al español, pero agrada el acto en sí por lo necesario que es observar esta realidad desde la “espiritualización” que da sentido al desarraigo social actual. Tal vez la única observación al formato serían ciertos argentinismos que aparecen de vez en cuando, y que a cualquier latinoamericano le parecen curiosos.

Como palabra final, sólo queda decir que no es posible evadir la posición del sentido en sí misma, sino que el móvil más profundo del artista es robarlo a mano armada. Aquí es donde entramos en lo complejo de leer y escuchar a Cage. Juzgar no es un juego del ego, sino de la propia dignidad humana.


[i] “La agonía del eros” Byung Chul Han. Herder, Barcelona, España, 2014.

[ii] “Amor sin Piedad: Hacia una política de la verdad”, Slavoj Zizek. Editorial Síntesis, España, 2004.

[iii] Estudios sobre el amor, José Ortega y Gasset. Biblioteca Edaf. España, 2006.

John Cage

Nació en Los Ángeles en 1912 y murió en 1992. Fue un compositor, instrumentista, filósofo, teórico musical, poeta, artista, pintor, aficionado a la micología y recolector de setas estadounidense.

Contacto