Intimidad del mundo

Cecilia Eraso

 

Buenos Aires - 2014

68 páginas / 14 x 20

ISBN 978-987-3760-00-6

1.

 

 

pero no todo es crónica del crimen

en Almagro: el tramontina en la carne

las mujeres

que linchaban a ese tipo en la vereda

la persecución que terminó incrustada

en la fachada de los sordomudos

y esquivé no sé cómo el incendio

de la verdulería

los robos con rehenes, el pibe asesinado

con un bate el encanto

de este cuadrado de manzanas la magia

mientras yo me convertía en burócrata

mi gato durmió toda la mañana tiene ojeras

pero no voy a sacar conclusiones

no siempre hay que sacarlas

Todo tiempo hablado es crimen, por Noé Vera

Noe Vera sobre Intimidad del mundo, de Cecilia Eraso

PUBLICADO EN REVISTA CAMPOTRAVIESA
NRO 3 – VERANO
 
Todo tiempo hablado es crimen
“Esta mole infinitamente complicada y viva está en perpetua agitación;
hombres, vehículos hasta objetos inánimes se diría que andan
por una necesidad intrínseca de andar”
Ezequiel Martínez Estrada. La cabeza de Goliat, 1940.
Los libros de Cecilia Eraso escriben la ciudad (o mejor dicho desde) el atolladero, el ruido porque así es como suenan las calles donde se enfrentan los estilos, se dice en Pistas (Determinado Rumor, 2011) y en Plutón canta (Editorial Funesiana, 2010) “martillos ruedas vecinos cumbias niños/fantasmas mandatos ceceos juergas” son el ruido en la oreja que la voz lírica intuye materia de su arte. Las voces en los libros de Cecilia Eraso buscan el ritmo propio para rescatar de las fauces de la vida urbana lo importante, lo trascendente. Como si los poetas tuvieran algo del oficio de los aurúspices: ir a la entraña del animal para leer lo que va a pasar, lo que debe ser dicho, lo que permanezca. Hay un afán por rescatarse yendo (¿volviendo?) al interior. “Existe un mundo adentro, transcurre bajo el ala /compasiva de lo visto pero es otro” concluye Isolario (La cartonerita solar, 2010) y en Plutón canta se toma “un fotón para la posteridad” un flash que habla de instantes perdidos de lo originario, retrata detallada a la naturaleza, pelusas flotando en el cosmos… pero para oír las cosquillas de los abedules está antes la “obligación de hacer silencio”.
La de Simon y Garfunkel en The sound of silence, ésta es la poética que se define en Pistas. Eraso “toca el sonido del silencio” y la voz que abre el libro se prefigura como “ángel del rock, oídos absolutos”. Ese libro es casi un disco donde la autora elige poner a sonar canciones de su elección en el reproductor que mejor maneja: el de la poesía. Ritmo propio entonces y vocación por “ir más adentro del pecho/ al ritmo interno, al basamento”: todo estaba ya en sus libros anteriores, antes de la última gran promesa: Intimidad del mundo publicado este año por Zindo & Gafuri.
El libro abre nombrando un barrio: Almagro y dice que no todo es crimen, es decir, no todo es ruido y aunque de sus páginas pueda hacerse una lista de sucesos que atentan contra la sensibilidad de la vida civil como linchamientos, incendios, robos con rehenes, muerte de una obrera, cadáveres (hay cadáveres) humanos y animales, el objeto (la búsqueda) de la voz poética es otro.
“Ayer iba rápido y el perfume cálido de un arbusto me paró en seco…” Para sustraerse del ritmo totalitario de la gran ciudad es preciso correrse (volver al barrio como refugio se decía en Pistas) detenerse y hacer silencio para escuchar, prender el chip inteligente (el artificio) y “combatir el frío/ tu política azulejo y sombras” porque “lo que no crece entre baldosas es política”. En Intimidad se invoca a Martínez Estrada para pensar la ciudad, que es Buenos Aires, esa ”agitación sin hacer nada”, la gran cabeza del país que debía articular el porvenir de una nación y que en cambio tiene un destino de ser teratológico, condenado a vivir para sí mismo y no para la especie (para las provincias).
El yo poético de los poemas de Eraso, en cambio, piensa, escribe, se aboca a las palabras que no tienen descendencia, que la vida civil descarta (carteles que se olvidan al paso, nombres escritos en tortas decoradas, pizarrones que se borran al final del día) como si quisiera devolverles su vida perdida. Todo tiempo hablado es crimen, se dice en este libro, también como si hablar fuera un asunto del ego, que debe ser acallado un rato para prestar su oreja y oficio a la comunidad. Ya en Pistas se menciona como hallazgo la canción para la “generación desarmada” y en Intimidad leemos “el castigo por mi boca grande” y no hay un “yo” único, un Apolo que ordene el mundo. Hay más de una primera o segunda persona por poema, hay voces: de los otros, de los vecinos, mucho ruido mental (como la melodía infernal que Plutón canta al oído), diálogo de instituciones. Y ¿que se hace frente a este “unmontonsuciodepalabras”? se antepone un mantra de la acción “dejar de hablar hacer/ silencio” como si se creyera en una especie de poder performático del silencio.
Hay poemas que terminan en dos puntos como el número 31, después de que anuncia “entonces, vamos a hacer una cosa:” y el blanco que sigue en la página parece decirnos formalmente: Silencio es hacer. Sólo escuchando los sonidos del silencio pueden hacerse otras cosas. Hacer shhhh para ver y escuchar, para acceder a lo más íntimo. Así el rojo vibrante de las buganvilias calla el ruido de ideas viejas, se ahíjan perros abandonados, puro amor en acción, se oye el rebote casi imperceptible de las piedritas del gato, se evocan recuerdos de provincia, de otro tiempo y otras leyes, se sueña de a dos con el Apocalipsis en clave compartida de felicidad. ¿Hay algo más íntimo que un sueño? ¿hay algo más imaginado que uno sólo compartido?
Dice Daniel Link en Yo, su ensayo sobre la imaginación intimista, que la literatura presupone una comunidad de aquellos que han declinado la propiedad del “yo”. “La literatura es aquello que comienza cuando “yo” cesa de parlotear” y cita a Jean Luc Nancy “todo ego sum es un ego cum (o mecum, o nobiscum)”. Y así es capaz de crear esta autora un clima íntimo a partir de la máquina imparable de los días burócratas, entregándonos lo que es valioso escuchar, poniéndose al servicio a través de la poesía y poniéndonos ante la vista imágenes tan suyas tan íntimas que se vuelven nuestras “mientras afuera se cocina guerra/ adentro un coliflor/ y los ojos llenos de ese olor”. Si las crónicas se cuentan solas, a la intimidad se la construye. Dejándonos espiar mientras se espía y como efecto nos reconocemos, volvemos a conocernos, en aquello que creemos de antemano ajeno: “otro” porque mientras somos los lectores también nuestros ojos huelen y eso es un puro hacer de la poesía: la sinestesia es una figura de la retórica, no del mundo.
Hay un ritmo propio en esta poética del silencio que se toca desde el primero hasta el último libro de Cecilia Eraso y hay un silencio que hace: porque mientras los leemos olemos con los ojos y escuchamos también en la cocina (el corazón de todo hogar) ese vapor silencioso del coliflor salvador. Los leemos y entramos en contacto íntimo con el mundo y hallamos refugio mientras afuera hay sombra y truena el monstruo escandaloso en las calles de la postmodernidad.

4.
parece de repente un buen momento una buena
epoca podríamos incluso esperanzarnos y
olvidar las palomas aplastadas que conté esta semana
los gatos envenenados por los vecinos intolerantes
las pérdidas irreparables de la humanidad
en la que alguien creyó, un culto
a la máquina fatal
adelante

35.
¿vos sabes qué pensás del ruido
sus formas, todas sus apariciones?
ruido es el negro y la aparición del blanco
la estridencia amarga del cuatro y la pava
que no pusimos al fuego
el tecleo frenético y el fuego de la hornalla
mecido por el viento que de algún lugar
sale
(publicado en Intimidad del mundo, Zindo & Gafuri, 2014)

Noe vera
Sobre Intimidad del mundo, por Jorge Monteleone

Jorge Monteleone sobre Intimidad del mundo, de Cecilia Eraso


Sobre Intimidad del mundo, de Cecilia Eraso
zindo & gafuri, 2014

Un sujeto conciente del mundo. Allí donde se halla eso que sangra, lo que se incendia, lo que golpea. Un sujeto que reconoce la exclusión, que se excluye. Eso que está excluido, que es exterior, forma parte de la lengua y parte de la mirada. Y la mirada poética también mira lo que no está. ¿Qué incluir en la exclusión? ¿La intimidad? No: no hay intimidad en este mundo. Lo que hay es intimidad del mundo en lo íntimo. “Como una vida que pareciera depender tan solo / de ese ruido de porotos royal canin / golpeando el plato plástico”. EN la intimidad misma del yo está el mundo. “Un pequeño mundo que se estrecha”. Lo que se incluye es el poema. ¿Cómo habla el poema en este tiempo sin intimidad o de una intimidad que es pura exclusión? Porque ahora todo es exterior, ahora too excluye, incluso el yo. Y el yo solo puede ser íntimo en el mundo de la extimidad: solo la intimidad del mundo puede hacer hablar una pantomina de intimismo. Por eso el libro comienza con un crimen que parece que se elude: “no todo es crónica del crimen de Almagro” y cierra diciendo “vos acordate de traerme un crimen”.
En este libro todo está abandonado: un animal rascando piedras en busca de lo masticable, un chicle en la boca de un pibe que susurra hasta cuando está callado, una uña rota… y todo eso abandonado hace ruido. El mundo de los ruidos. Y allí también se oye la intimidad del mundo. Y un modo de incluirse allí es hablar en el poema acerca de lo atroz y tomar el atajo del habla. “Es una plegaria, una cosa que ninguno / de nosotros hace”. Y otro modo es hacer. Por ejemplo, hacer cosas con las manos. O hacer un libro de poemas. La acción es la única forma del habla en medio del ruido. La poesía es esa acción silenciosa en medio del ruido. El poema se transforma en el mantra de la acción.
“No hay otro mundo, enterate / es este” dice al final de poema 12. Y en este mundo no hay intimidad posible salvo la inclusión del poema en la intimidad del mundo. Hacer silencio como si se hablara. Y hablar como si se hiciera algo con las manos. Volver aquí en medio del ruido. Eso es lo que llamaba Pasolini una desesperada vitalidad.

Jorge Monteleone

Cecilia Eraso

Nació en Neuquén en 1978. Vive en Buenos Aires. Es docente universitaria en la UBA y en la cátedra de Arturo Carrera en la UNA. También es investigadora en Letras. Publicó los libros de poemas Isolario (cartonerita solar, 2010),  Plutón canta (funesiana,2010), Monoambiente (VOX, 2011),pistas (Determinadorumor, 2012) e Intimidad del mundo (z&g, 2014).