la muerte de los padres

Anne Sexton

Buenos Aires - 2018

166 páginas / 14 x 20

traducción
Verónica Zondek

ISBN 978-987-3760-84-6

LUNES

Debe ser viernes a estas alturas.
Admito que he estado mintiendo.
Los días no se congelan
y decir que la nieve contiene el silencio en su interior
es ignorar las posibilidades de la palabra.
Sólo el árbol contiene en él al silencio;
silencioso como el crucifijo
machacado hace años
como un zapato artesanal.
Alguien una vez
le pidió a un elefante que no se moviera.
Es por eso que los árboles permanecen quietos todo el invierno.
No van a ningún lado.

 

Epilogo, por Verónica Zondek

Hablar de Anne Sexton es antes que nada, leer sus poemas. Sexton no siempre logra la agudeza, la ironía y  la belleza horrorífica que manifiesta en esta selección. La poeta oscila peligrosamente – grito de por medio – sobre el borde de un acantilado, y la escritura parece ser el artilu- gio para no caer en esa dimensión, que por desconocida, constituye el nidaje del caos aterrador. Para Anne Sexton la poesía fue un modo de enfrentarse al mundo, una forma de permanecer en él, sin sucumbir al dolor.

Catalogada por la crítica como poeta confesional, par- ticipó en 1959 del taller de Robert Lowell, junto a Sylvia Plath con la cual estableció una amistad y una vital com- petencia soterrada. Sexton hace uso de su entorno inme- diato y su biografía personal a modo de silabario. Es decir, estas experiencias se convierten en el abc del que ella hará uso para penetrar lo insondable y para denunciar lo que en el mundo le parece odioso. Lo subjetivo y lo objetivo construyen un entramado indivisible. En su poesía hay  un movimiento constante hacia los detalles más íntimos, como si de ese modo, pudiese ella encontrar un refugio   al tormento y la angustia que la habitan. Tremendamente aguda, hizo uso de la ironía para decir y decirse. Sin caer nunca en el patetismo, cantó las más horribles tragedias en un tono casi coloquial, cotidiano, que actúa sobre el papel como un espejo ineludible.

Nacida en 1928, Anne Sexton se quita la vida a los 44 años el 4 de octubre de 1974. Provista de una copa de whis- key, el abrigo de pieles de su madre sobre los hombros y sentada en el auto con el motor encendido, se entrega al monóxido de carbono. No cursó estudios universitarios regulares y trabajó de modelo ocasionalmente. Sin embar- go, tuvo lo que la crítica denomina, una carrera de éxito: obtuvo distinciones varias en universidades y sociedades de escritores; obtuvo becas y premios, incluidos el Ameri- can Academy of Arts and Letters Award en 1963, el Premio Pulitzer en 1967 y el Shelley; coordinó varios talleres de creación poética y participó de innumerables congresos; recorrió su país dando lecturas y fue nombrada Profesora de Mérito en la Universidad de Boston en 1964. Sin embargo, todos estos logros personales no importaron. Con- tinuó sintiéndose insegura y cuestionando su quehacer. La brecha abierta entre el éxito aparente de su quehacer y el desgarro de la hablante escritural, es la de un abismo. De hecho, el deseo de acabar con su vida fue una constante que se acentuaba y latía con más intensidad en las cer- canías de su fecha de nacimiento. La muerte fue siempre para Sexton una presencia corpórea, con la que coqueteó amorosa e infernalmente a la vez. Mas, donde logra con maestría tornar la anécdota personal, detallada hasta lo indecible, en comentario mordaz y desgarrado, es sobre   el negativo blanco de la página. La lectura del mundo, en- tonces, es también una lectura del espacio íntimo. Un es- pacio íntimo donde la figura del padre es predominante. Amor y odio ante el ser que la marcó para siempre y la dejó buscando la aprobación masculina; donde la figura de la madre es vivida con amargura y sangramiento; donde la religión que abandonó no dejó de penarle; donde el pa- pel de la mujer entró a leerse como el sitio de las culpas    y como el espacio donde decirse; donde la maternidad se conflictuó; donde lo doméstico es a la vez lo conocido y  lo desconocido; donde la amenaza podía esconderse en el jugo sangriento de alguna mora silvestre. Consciente de todo esto, hizo uso de la ironía y el sarcasmo, creando así una voz particular y una tensión que potencia el lenguaje hasta el disloque mismo de sus textos.

La escritura, poética de Anne Sexton, actúa entonces como una válvula que logra controlar su loca y destructiva carrera, pero es también la testigo trágica y esencial que leemos.

El aborto y otros poemas de Anne Sexton + video, en Blog Eterna Cadencia

“Una mujer que escribe siente demasiado”. Zindo & Gafuri acaba de publicar, en versiones de Verónica Zondek, poemas de la autora estadounidense bajo el título general La muerte de los padres. De allí tomamos esta selección y sumamos un registro documental de 1966, para quienes todavía no conozcan su voz ni su manera de recitar los versos que tipeaba a máquina.

“Enfoco el poema como si hablara a través de una ‘persona’. Es un Yo”, explicaba Anne Sexton (1928-1974), nacida en Massachusetts, Estados Unidos. Poeta, prosista y dramaturga, en 1967 obstuvo el Premio Pulitzer por su libro Live or Die.

En versiones de Verónica Zondek, aquí compartimos tres poemas tomados del conjunto publicado por Zindo & Gafuri bajo el título general La muerte de los padres. 

El video que aparece al final fue filmado en la casa de la familia Sexton en 1966, y se la puede ver fumando mientras recita sus versos crueles.

 

 

El aborto

 

Alguien que debió haber nacido

ya no está.

 

Así como la tierra frunció su boca,

cada brote pujando por salir de su nudo,

yo cambié de zapatos, y luego viajé hacia el sur.

Más allá de las Montañas Azules, donde

Pensilvania se encorva interminablemente

vistiendo, cual gato pintado, su pelo verde,

 

sus caminos hundidos como una gris tabla de lavar;

ahí, donde por cierto, se agrieta la tierra perversamente

una oscura cavidad desde donde ha manado el carbón,

 

Alguien que debió haber nacido

ya no está.

 

la hierba tan erizada y vigorosa como un cebollín,

y yo preguntándome cuándo se rompería la tierra,

y yo preguntándome cómo hace lo frágil para sobrevivir;

allá en Pensilvania, conocí a un hombrecito,

que no era Rumpelstiltskin, para nada, para nada…

él se llevó la hinchazón que comenzó el amor.

Regresando al norte, hasta el cielo se adelgazó

como una ventana alta que no mira hacia ningún lado.

El camino era tan plano como una plancha de aluminio.

 

Alguien que debió haber nacido

ya no está.

 

Sí, mujer, una lógica como ésta lleva

a una pérdida sin muerte. O dí lo que tenías que decir,

cobarde… este bebé que sangro yo.

 

 

 

El arte negro

 

Una mujer que escribe siente demasiado,

¡qué trances y portentos!

Como si los ciclos y los niños y las islas

no fueran suficiente; como si los enlutados y los chismes y las

vreduras nunca fueran suficiente.

Ella piensa que puede advertir a las estrellas.

Una escritora es en esencia una espía.

Querido, yo soy esa niña.

 

Un hombre que escribe sabe demasiado,

¡tales hechizos y fetiches!

Como si las erecciones y los congresos y los productos

no fueran suficiente; como si las máquinas y los galeones

y las guerras no bastaran nunca.

Con muebles usados él hace un árbol.

Un escritor es en esencia un estafador.

Querido, tú eres ese hombre.

 

Nunca amándonos,

odiando hasta nuestros zapatos y sombreros,

querido, querido mío, nos amamos uno al otro.

Nuestras manos están celestes y suaves.

Nuestros ojos están llenos de confesiones terribles.

Pero cuando nos casamos,

los niños se retiran con asco.

Hay demasiada comida y no queda nadie

que se coma toda la extraña abundancia.

 

 

 

Ama de casa

 

Algunas mujeres contraen matrimonio con casas.

Es otro tipo de piel; tiene corazón,

boca, hígado y movimientos intestinales.

Los muros son permanentes y rosados.

Vean cómo se sienta sobre sus rodillas el día entero,

limpiándose ebnegadamente.

Los hombres entran a la fuerza, succionador como Jonás

dentro de sus madres carnosas.

Una mujer es su madre.

Eso es lo más importante.

 

 

Anne Sexton

Anne Sexton (1928-1974, Boston, Massachusetts) fue una poeta, prosista y dramaturga estadounidense, ganadora del Premio Pulitzer de Poesía 1967 por su libro Live or Die, de la Beca Frost en 1959 y de la Beca Guggenheim en 1969, entre muchos otros reconocimientos.  Algunas de sus obras son:  To Bedlam and Part Way Back (1960), All My Pretty Ones (1962), Love Poems (1969), Transformations (1971), The Book of Folly (1972), The Death Notebooks (1974) y 45 Mercy Street (publicado en1976).