Vergüenza

Jesús Iribarren

Buenos Aires - 2017

52 páginas / 14 x 20

ISBN 978-987-3760-66-2

Ese no

Tenías el tatuaje del Gauchito Gil
en el hombro
a Eva Perón en la espalda
y una rosa en el cuello.
Eras la chica tatuada del recital,
Te invité una cerveza y hablamos
de Heavy Metal;
íbamos bien hasta que te dije
que me gustaba como escribía Pavese.
Ahí, me cortaste el rostro y te fuiste
con un tipo musculoso,
yo me quedé con la cerveza, veinte mangos
en el bolsillo y una pila de libros en casa
que voy a leer
haciendo fondo blanco con un whisky
y pensando qué raro que no tenías
nada de Motorhead en tus tatuajes
La entrevista patafísica: Jesús Iribarren y la influenza-ritmicus, por Yanina Giglio

Jesús, ¿adiviná qué? Estamos en Salvador de Bahía, somos dos bateristas, este es nuestro primer carnaval como profesionales. Justo antes de comenzar a tocar me agarra una especie de pánico escénico y te pregunto:

¿Cómo es que tenemos el ritmo en las venas?

JI: –Porque somos el ritmo. Escuchá… Escuchá: eso que suena acompasado no es el corazón, es la melodía que fluye desde nosotros hacia ellos.

¿Por qué decimos “tocar” un tema si en realidad estamos golpeándolo?

JI: –Nos gustan las texturas extrañas. Si no palpamos cada nota no disfrutamos de las formas breves, de los sonidos de cada golpe: cada uno es único e irrepetible.

Creo que tengo miedo de lastimar una canción, ¿alguna vez te pasó?

JI: –Sí. Cuando batimos el parche demasiado fuerte. Por eso siempre les hablo antes, nunca recurro a la violencia. Y generalmente me pasa cuando tocamos Lula Livrefora Temer; me entusiasmo demasiado con el Surdo.

¿Dónde sentís la música?

JI: –En la garganta: si vibra, hay música, sino, es apenas una notita que se escapó, de traviesa nomás.

¿Es sólo cuestión de tiempo y armonía o hay además algún ingrediente secreto? 

JI: –Sí. Pero es secreto. Si tomás mi taller de percusión te los doy. Tengo una familia de Redondas, Corcheas, Semicorcheas, Fusas y Semifusas que mantener. Y una Negra hermosa (con la que me casé) que es pasista: laburo raro el de ella… Todo el día midiendo el tamaño de los pasos de los peatones; el que se pasa de la medida tiene que ir a la Academia del Paso y volver a sacar el carné (por supuesto que, previamente les dictan los cursos correspondientes y rinden examen).

¿Por qué la gente se contagia con nuestra batucada?

 JI: –Porque somos un resfrío musical, vamos contagiando la influenza-ritmicus hasta que nadie queda sin moverse. La gira una vez que comienza, no se puede parar. Y te digo un secreto: por suerte, para esto no hay vacunas.

Apretás tus manos con las mías, te siento con fuerza, me das ánimo. Toda tu energía musical me trae de regreso a uno de los días más esperados de nuestras vidas. Esto nos gusta, poder ir y volver de ciertos estados, vibrar las performances de nuestros cuerpos con apenas un batir de palmas.

 LIBEROAMERICA

 

La vida es una pastilla que no hace efecto, por Gustavo Yuste

El libro Vergüenza (Zindo & Gafuri, 2017) de Jesús Iribarren tiene un concepto sólido a lo largo de todos sus poemas: un desencanto amargo pero amigable. Con estilo fresco y libre, las imágenes que utiliza el autor son de fácil acceso para el lector, pero de efecto prolongado. Drogas, alcohol y la monotonía de una vida que no se sabe bien hacia dónde se dirige: ¿a quién no le suena ese cóctel fuerte?

“El psiquiatra dijo:/ cero cincuenta de Clonazepam/ por la mañana y otro a la madrugada;/ una pastilla de Prozac por día/ Y, así el mundo se puso en pausa”. Así de crudos y directos son los primeros versos que abren camino a Vergüenza (Zindo & Gafuri, 2017) de Jesús Iribarren, marcando lo que será un estilo sólido y sostenido a lo largo de los poemas que se van sucediendo. ¿Cómo hacer poesía desde el desencanto sin caer en un pesimismo sin magia? Este libro ensaya una respuesta.

Con un estilo que evita el lirismo y se recuesta por momentos en recursos del objetivismo, Iribarren hace uso de imágenes cotidianas potentes y electrizantes, donde los elementos que rodean la vida de un burgués promedio muestran su lado oculto y se convierten en enemigos íntimos. El televisor, la cama, el propio hogar en su conjunto, todo puede ser una trampa mortal en los poemas de Vergüenza. Puede leerse, por ejemplo: “La luz amarillenta que sale de adentro/ de la heladera/ es un sol que pronto se apagará/ cuando cierre la puerta”. 

Esa voz poética breve, concreta y potente va a generar que dentro de los poemas de Iribarren surjan distintas máximas y definiciones que, como si fueran falsos haikus, guardan dentro de sí significaciones nuevas con el lenguaje cotidiano. El autor puede señalar: “Ser un veterano malherido de la guerra conyugal/ es un mérito que no merece cuento./ En todo caso un poema cualquiera”; o también: “Por suerte existen los baños/ con inodoro/ donde los pobres podemos conformarnos”. 

Las pequeñas delicias y malicias de la vida conyugal, las resacas reiteradas y la vida que nunca termina de hacer el efecto deseado, como la mayoría de las pastillas, es el menú que ofrece Vergüenza de Jesús Iribarren. A un módico precio, el lector puede irse lleno de imágenes tan cercanas que lo van a hacer sentir confortablemente incómodo. Dentro de la poesía contemporánea, no son muchos los que pueden colgarse esa medalla, pero Iribarrne sí. Cierra esta reseña el propio autor: El perro que rasca las bolsas de basura/ afuera,/es un mendigo que busca/ consuelo./ Como vos, mientras esperás/ que la pastilla haga efecto”.

RESEÑAS CAPRICHOSAS

Dos poemas, en Revista Latinoamérica

 

Ni la maestra de quinto acertó.

Pasaste dos días tomando cerveza y analgésicos
sin parar,
te acordaste de esa época que pensabas
no ibas a salir jamás.
Ahora volvés a la rutina de los días normales:
insomnio, literatura y pastillas para dormir
(que nunca hacen efecto, como los consejos
cuando eras chico que te daba tu maestra
de quinto grado
sobre lo bueno de estudiar y progresar).

 

 *

 

 En los loqueros hay poetas,

en las casas de chapa y cartón
hay poetas,
en alcohólicos anónimos hay
poetas,
en los centros de rehabilitación
hay poetas.
Donde está la desesperación y el descontento
hay poesía.
Seguramente en muchos lugares que desconozco
hay algo de calma y alegría.
De lo que estoy seguro es que en este cuerpo
no cabe un solo soldado más de esa infantería
desnutrida.

 

Jesús Iribarren
Nació en Coronel Pringles en 1985. Es abogado y poeta. Actualmente reside en Olavarría (Bs.As).