Mi sabiduría es arruinarla

Mauro Lo Coco

 

Buenos Aires - 2015

116 páginas / 14 x 20

ISBN 978-987-3760-28-0

lo que tengo claro

 

mi vida es vulgar, sin relieve
y podría terminar acá
que no le va 
a afectar a nadie
es un logro que me reconozco
por el resto
hacés bien en no escucharme, es más
no sabés la salud que hay
en la indolencia de tu cara, mejor
estás en otra
te perdiste la escena en que estaba
a punto de dar pena, eh
nada, boludeaba
nada importante, contáme
del viaje, quién es el forro del trabajo
qué vamos a comer cualquier cosa es mejor
que hable, nada
que en la tele no hay nada
Una poética del antihéroe, por María Rosa Maldonado

Una poética del antihéroe
Sobre Mi sabiduría es arruinarla, de Mauro Lo Coco
zindo & gafuri, 2016
     El protagonista de mi sabiduría es arruinarla, hermano de sangre de Mauro Lo Coco, el poeta, y de todos los protagonistas de sus libros anteriores, no va a subirse a una nave en busca del vellocino de oro, ni entrará en el laberinto para luchar con el minotauro, queda claro: no es un héroe. No pretende salvar al mundo. Su estirpe es más cercana a esos Villon de la palabra, para los que la poesía es la tabla que les ayuda a “surfear el desastre… a hacer payasadas sobre una ola que igual, más tarde o más temprano, se te va a caer encima”. No hay salida, con el tiempo todos seremos ese ahorcado que se balancea en el viento.
     El héroe es alguien que ha entregado su vida a algo muy superior a él mismo, en beneficio de los valores culturalmente instituidos. El antihéroe, por su parte, tiene un comportamiento contrapuesto a los códigos que propone el statu quo. Puede mostrarse muy inteligente, enajenado, cruel, desagradable, pasivo, o simplemente ordinario, pero siempre es un personaje que vive bajo la guía de su propio criterio moral, esforzándose por definir y construir sus valores, inversos a aquellos reconocidos por la sociedad en la que vive.
     Y la sociedad, el sistema, es el salvaje territorio donde la mentira y el poder económico son los que manejan la batuta. Tienen la sartén por el mango…
   El poeta interpreta e interpela al mundo a través de un yo desajustado, que, consecuentemente, es el resultado del desajuste del mundo. Y este mundo merece la destrucción. El fin del mundo, las profecías que lo vaticinan, se presentan en este poemario como una idea deseable.
     El mundo merece ser arruinado. En eso consiste la sabiduría a la que alude el título.
     Dice Mauro en una entrevista:
     “…Vengo de la clase baja, o clase media baja, según quien la defina. El hecho es que viniendo de ese mundo, te acostumbrás a que nada te corresponde, de modo que nada exigís. No me gusta la protesta, me gusta la acción. Para ser más preciso, me gusta la acción destructiva”.
 
     Y en el poema turba el fuego deprava, leemos:
                             “hay que prender fuego el tren
     y sentirse bien en el papel de arruinar el mundo”
 
     Su condición le da una perspectiva distinta a la de los héroes y villanos; puede decirse que el antihéroe vive en una zona gris. Pertenece al paisaje urbano y así se presenta cada día ante nosotros, como la identificable -y en cierto modo desvanecida- sucesión de calles y edificios, árboles, puentes, trenes y personajes de “el barrio”. Su barrio. El lugar originario del cual nuestro poeta decidió (conscientemente o no) no salir, no desterritorizar su lenguaje. Y no salir significa seguir siendo y hablando como un personaje más de esa zona desacomodada pero cordial, o sea, cercana al corazón.
                                “todo sigue igual /
     en la misma esquina siempre es como siempre”
 
     Como el de Sísifo, todo quehacer es un trabajo inútil. Solo queda dormir el sueño de lo cotidiano. Ser el antihéroe de la historia. Sin embargo, la cita de Shir Hashirim “yo duermo, pero mi corazón está despierto”, nos advierte que hay una conciencia que aun presenta batalla, que todavía, aunque sea inútil, empuja su piedra hacia la cima. Sigue escribiendo el poema, sabiendo que está destinado al fracaso.
“por amor a la vida
combato la quietud del ahora
ya sé que es mentira
pero me tiene entretenido
por lo menos estos días”
 
     “No hay amor de vivir sin desesperación de vivir”, afirma Albert Camús (El extranjero también es un hombre gris. No pretende dejar de serlo) y esto, en el caso de Mauro, el Mauro de mi sabiduría es arruinarla, parece llevar hacia una experiencia angustiada ante el orden coercitivo del sistema que provoca un sentimiento de exclusión y de conciencia parasitaria. No puedo cambiar nada, el poder es inmenso y yo no soy nada. El sistema, inquebrantable, cierra el mundo por los cuatro costados, lo clausura. Esa clausura es tal que deja una sola salida: el desinterés absoluto en el que cae el yo y con él el mundo. Otra apariencia. Otra dialéctica de la desesperación que el rebelde oculta tras la ironía, el desenfado o la apatía.
“godt
bien
good
iyi
alé
todo se entiende
porque todo es igual”
 
     Encontramos, aquí y allá, un pesimismo muy discepoliano. Muy Cambalache. Muy Gira, gira. El barrio sigue imponiendo sus músicas y discursos. El barrio, esa zona apestada en la que el personaje de estos poemas decidió permanecer. Por fidelidad a si mismo?, por remembranza del paraíso en el que vivió una vez y luego perdió, como se pierde todo paraíso? Por amor a sus hermanos de calamidad? Por inercia? A partir de ahí, él es el apestado, porque el que permanece en la ciudad apestada es virtualmente un apestado que sobrelleva la conciencia lúcida de que cualquier peste es un subgénero de la peste mayor, de la cual nadie escapa: la muerte. Somos los efímeros. Y en los poemas aparece -sin estruendos ni cualidades dramáticas- el grito contra la finitud. El recuento de los muertos: “muertos de moda”, “la lista de muertos”, “la rachita de los muertos”, “otros amigos muertos”, “muerte o matadero”, “contra las muertes familiares”, “las causas de la muerte”, “la muerte es tu ley”. Y la gran pregunta: “por qué le tocó una muerte tan/ insulsa justo a él/ que fue nuestro héroe”.
Finalmente, hasta los héroes mueren. Y mueren de cualquier muerte.
“El destino de todo siempre es bajo tierra”. Dice Mauro Lo Coco en una entrevista.
     Lirismo de la decepción. Lirismo del desencanto. En los poemas de Mauro siempre hay un yo presente y vigoroso, con sus emociones e incluso su nihilismo un tanto indiferente, como tomando distancia, como mirándolo de reojo, pero también conteniendo cierta ternura furtiva hacia sí mismo, la familia, los compañeros de destino. Las suyas no son burlas crueles, son apenas la expresión de una tristeza perdida.
“… la nostalgia de un dolor
que es ordinario, quedó lejos
       y me hace tanta falta”
 
     El escepticismo se profundiza en referencia al lenguaje, a la capacidad de éste para revelar lo verdadero. Si hay una verdad, indefectiblemente está más allá -o más acá- del lenguaje.
“te vas a acostumbrar
a demorar las acciones en los verbos, todas torpes
las pretensiones de significar”
 
Pero:
“… con axiomas rumiantes se forjará
el lazo de sangre”
 
     Mauro declara en relación a su libro 18 Éxitos para el Verano: “No le tengo ninguna fe al lenguaje, me encantan sus derrotas. Esas son las aventuras del libro, la experiencia del hombre abatido por un lenguaje que no puede significar su experiencia… Hablar es comprobar que con el lenguaje no se puede”.
 
    O sea, hablar siempre es fracasar, pero a Mauro le encantan estas derrotas. Son las que impiden que el deseo se agote. Sin derrotas, para qué seguir escribiendo? Ya tendríamos el poema perfecto, la palabra que lo contiene todo. Sin deseo, para qué seguir viviendo? Ya estaríamos cumplidos. Terminados.
    Los poemas de mi sabiduría es arruinarla, al igual que los de los libros anteriores de Mauro, parecen revelarnos su contenido por completo, no tener nada que esconder. No están girados hacia una intimidad velada. No insinúan guardar un significado profundo. No hay metáforas que deban ser interpretadas, develadas, extrayendo de ellas un sentido otro del enunciado de los sintagmas.
   Pero este lenguaje superficial o llano, esta lengua coloquial, no es ausencia de interioridad. En realidad todo es interioridad. Todo es yo, en la medida en que el yo es la construcción resultante de la acción del mundo. Allí es donde hacen su mejor trabajo los silencios, en juego con el contexto que les atribuye un sentido que niega y supera la significación convencional.
     “los silencios son la herramienta de trabajo para que el poema vaya adquiriendo nitidez sonora”, dice el autor.
     Y es también partir de esos pliegues donde la voz desaparece, que el poema apunta directamente a la esencia pre-simbólica del ser, muestra su impotencia como lenguaje y propone otra lectura. La “poiesis” de mi sabiduría es arruinarla está totalmente alejada del pensamiento discursivo. No sirve una lectura desde la lógica ni desde el lenguaje comunicacional al que parece ajustarse.
     Los silencios des-limitan la comunicación de las experiencias del que escribe, abriéndole al lector los otros canales de acceso al qué del poema. Ellos traen:
“música de los días sentados en las vías
acordes de la limitación
el tren que pasa
ahí va
-no hay que hablar
llamado por un grito el cuerpo
se recrea en otro silencio”
 
 
 
María Rosa Maldonado 
La sabiduría de la ironía, por Gustavo Yuste

Reseñas Caprichosas – “Mi sabiduría es arruinarla” de Mauro Lo Coco: La sabiduría de la ironía

En los poemas de Mi sabiduría es arruinarla (Zindo & Gafuri, 2015), Mauro Lo Coco se arma de la ironía y, a través de un estilo directo, mira alrededor con su particular filtro poético. ¿Qué pasa cuando los desencantados tienen algo para decir y deciden hacerlo? ¿Puede ser la ironía el último manotón de ahogado?


Sobre el autor

Mauro Lo Coco nació en Villa Santa Rita, Buenos Aires en 1973. Es docente de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Coordina talleres de escritura desde 1997. Algunos de sus libros de poemas son: Niño Cacharro, Ricardo Gravitando, 18 éxitos para el verano y Mi sabiduría es arruinarla. 

Es uno de los creadores y editores de las editoriales independientes Zindo & Gafuri y Modesto Rimbá


La sabiduría de la ironía

Los grandes temas en la poesía ya no hace falta buscarlos demasiado lejos: el desencanto urbano está en todos lados y al alcance de la mano. En Mi sabiduría es arruinarla (Zindo & Gafuri, 2015), Mauro Lo Coco apunta de lleno contra el lector usando la ironía como su mano hábil, destilando así una poética que coquetea con el pesimismo y,  la vez, se guarda una última carta bajo la manga.

¿Cómo encarar una obra desde el desencanto? Los poemas que se van sucediendo en Mi sabiduría es arruinarla muestran personajes reunidos en una ciudad que parece haber dado todo lo que podía dar y que se quedó sin un peso para hacer esa última apuesta que la salve del desastre. Desde esas ruinas, y como yuyos que crecen entre adoquines, los sentimientos se van propagando bajo la sombra de un descontento que ya es una segunda piel.

Amigos derrotados, familias que se mantienen unidas por la costumbre, parejas que se dedican a barrenar la catástrofe. En la atmósfera que plantea Lo Coco en su libro, nada es como uno querría, pero sí como se sabía que podía llegar a ser. El tono directo que elige el autor en la mayoría de los versos parece dar cuenta de ese llamado de atención que esconde un optimismo para que algo, en algún momento, pueda cambiar. Aunque sea un poco.

En ese sentido, no es casual esa segunda persona que prima en Mi sabiduría es arruinarla. A partir de ese recurso es cuando la derrota toma todavía más peso, ya que pareciera que estuviera siendo contada en vivo y en directo. Así, el desencanto compartido de un lugar que parece no tener vuelta atrás y de los miles de futuros individuales truncos, sigue creciendo hasta ser ese árbol que nos tapó la ventana que volvía luminoso el monoambiente. Para muestra de eso, basta con leer:  “hacés bien en no escucharme, es más/ no sabés la salud que hay/ en la indolencia de tu cara, mejor/ estás en otra/ te perdiste la escena en que estaba a punto de dar pena, eh”.

Mi sabiduría es arruinarla es un libro ideal para entender que la poesía es lo que ella quiera ser, que los lugares comunes pueden ser todos, y que la ironía -bien utilizada- puede ser un arma efectiva para impactar a ese lector que no esperaba estar leyendo su propio desencanto, pero contado en la vida de otro.

Good days, bad days / Traducción al francés Carolina Massola

La Ciudad de los espejos

La cité des miroirs

Mauro Lo Coco (traduit en français)

good days, bad days

hoy entendí que soy yo
quien decide cuándo empiezan
los días lindos

es cuando me despierto sin ganas
de morirme por primera vez
en unos meses

entonces
me habita un entusiasmo insólito
para elegir
una camisa que me hará ver
nuevo y vital

el tiempo
se empieza a poner lindo
cuando me miro al espejo
marco el número
para reservar un turno con esther
para hacerme el mismo corte de siempre
tendremos luego
un duelo de chistes
para aceptar que
yo tengo menos pelo
y ella escucha menos cada vez
así nos divertimos

los mejores días están a punto de empezar
cuando decido
barrer el balcón
tirar las hojas secas que tapan
la rejilla entonces
me convenzo
de que al fin
las plantas van a crecer
como debe ser
sumisas, en paz
y en la dirección
que les ordeno

traer los días lindos
me lleva mucho trabajo
por eso
tengo que encontrar el momento
y el momento
es cuando estoy

bañado
vestido
peinado
afeitado

con la casa y el cuarto limpios
ahí abro las ventanas
ventilo, entonces sí
salgo al balcón
me siento a mirar el sol
digo que llegó el momento
y sonrío

good days, bad days

aujourd’hui j’ai compris que c’est moi

qui décide quand commencent

les beaux jours

c’est quand je me réveille sans l’envie

de mourir pour la première fois

depuis des mois

alors

s’installe un enthousiasme insolite

pour choisir

une chemise qui me fera voir

nouveau et vital

le temps

commence à devenir beau

quand je me regarde dans le miroir

je compose le numéro

pour prendre un rendez-vous avec esther

et me faire la même coupe que d’habitude

nous aurons ensuite

un duel de blagues

qui nous fera accepter que

j’ai moins de cheveux

et qu’elle entend de moins en moins bien

ainsi nous nous amusons

les meilleurs jours sont sur le point de commencer

quand je décide

de balayer le balcon

de jeter les feuilles sèches qui bouchent

la grille alors

je suis convaincu

qu’enfin

les plantes vont pousser

comme il faut

soumises, en paix

et dans la direction

que je leur impose

ramener les beaux jours

me demande beaucoup d’efforts

c’est pourquoi

je dois trouver le moment

et le moment

c’est quand je suis

douché

habillé

coiffé

rasé

la maison et la chambre propres

alors là j’ouvre les fenêtres

j’aère, et alors oui

je sors sur le balcon

je m’assois et je regarde le soleil

je dis que le moment est arrivé

et je souris

(traduit en français par Carolina Massola et Benal)

Mauro Lo Coco

Nació en Villa Santa Rita en 1973. Es uno de los fundadores de Z&G y desde 2015 alma mater y editor de Modesto Rimba.