El sonido de la luz

Lucía Lubarsky

 

Buenos Aires - 2016

56 páginas / 14 x 20

ISBN 978-987-3760-45-7

Moléculas, por Marcelo D. Díaz en Revista Op. Cit.

Moléculas/ El sonido de la luz, de Lucía Lubarsky

En estos poemas la realidad física como la conocemos parece retroceder en la misma proporción que avanza el universo simbólico. “El sonido de la luz” en lu­gar de focalizar sólo la atención en las cosas mismas propone sentidos que van desde el mundo concreto a las formas asumidas por una voz o conciencia interior: En el horizonte un péndulo no descansa/ su vaivén busca la luz en el anochecer./ Caen ciruelas maduras al corazón del laberinto/ intentan abrir un surco en la tierra/ encontrar el centro./ Si supiera cómo haría dulce/ para devolver al cuerpo lo que perdió el ciruelo;/la fe duerme/ en el reverso de las cosas. La escritura ordena y delimita los límites entre el mundo exterior, ciruelos, tierra y dulce con la subjetividad como en un único acto de fe: una creencia que transforma al poema en un amuleto para revertir el curso natural de los días.
Si hay algo roto, agrietado, o lastimado, aquí todo verso es reparación antes que mero testimonio de lo que es percibido: Piel ajada/ en láminas de escarcha/ moléculas de origen mineral./ La membrana guarda/ secretos de antes de nacer/ Escondida en la noche/ escapa a la luz/ que devuelva las distancias/ y por fin derrita/ o fosilice el silencio. Los movimientos vibratorios y sucesivos de las moléculas señalan y articulan el mapa desde el cual decidimos narrar nuestra experiencia. Una narración por momentos sedimentada por el paso del tiempo y cosificada por el devenir de las horas. ¿Es el silencio una pieza que altera y perturba con su vibración invisible la lengua poética? ¿O es una brújula como sucede en el horizonte del paisaje anterior en el que aparece la luz para rescatar las huellas perdidas de aquello que quisimos decir y no pudimos por no encontrar el vocablo que necesitábamos?
La distancia hacia el interior del lenguaje, presencia y ausencia a la vez en los poemas, pone en escena la idea de que la palabra es una mancha que manifiesta los límites entre las posibilidades del decir y lo que efectivamente logramos textualizar: Intenté sacarme una mancha en la piel/ no hubo caso/ el tiempo deshidratado une a los peces/ los mosquitos y las piedras/ nosotros también como las montañas/ apilamos entre los poros/ un territorio/ una geografía infinita. La resolución entre este binomio, lo que decimos frente a lo decible, se traduce como un vacío, una imposibilidad para representarnos a nosotros mismos tal vez, para enunciar nuestra voz y para definir las coordenadas desde las cuales nos presentamos  a la manera de un simulacro o una secuencia de sombras que han perdido su referente. El silencio es equivalente al sonido de la soledad, a la incapacidad de significar para y con los otros desde una voz que pareciera ser de nadie edificada a partir de una falta;  en fin: Somos el negativo de dos estatuas/ que se mueven para intentar recortar la forma/ de un mundo que se escapa.

 

Poemas de El sonido de la luz

-*-
El cielo refusila y las nubes
se retuercen salpicando el peso
del agua sobre la cabeza
nuestros pasos se aprietan
bajo un paraguas que abrimos
para ver si hay techo que nos pueda cubrir
soltamos con fuerza las últimas lágrimas
nadie nota de dónde viene el agua
las piernas desnudas se tocan al caminar
compartimos el silencio
antes de cruzar la calle y bifurcarnos
Somos el negativo de dos estatuas
que se mueven para intentar recortar la forma
de un mundo que se escapa.

 

-*-
Brota una semilla
en el aire del balcón
vida que germina
bajo la línea de mis pies
un respiro entre tanta
molécula aplastada

 

_*_
Hago un pozo
las manos como raíces
entierro ciruelas robadas
en un rincón del monte
los pájaros tardarán días en notarlo
el abono tiene su tiempo
pulpa semilla disolución bonanza,
la putrefacción es un estado
similar al nacimiento
pero en su ocaso

 

-*-
Un rayo multiplica el silencio
una noche que es
todas las noches
la casa está lejos
y caen equívocas gotas sueltas
abrazarse a un cuerpo vacío
es el fenómeno físico
más real en este cuarto

 

_*_
Un aire plateado
cubre el día y la nieve
quiere sofocar con su luz
todo resabio
de vida vieja.
El cuerpo despierta
adobado por fluidos tibios
en una caminata
hundida en la madrugada.
Cuando todo parece dado
las ramas de los pinos emergen.
Hay un bosque detrás,
como un loto
una guarida que espera.

Lucía Lubarsky

Nació en el campo, en Córdoba. Es realizadora y productora audiovisual. Trabaja como guionista, productora de cine y televisión. Baila desde que aprendió a caminar. Desde hace mas de 10 años escribe y asiste a talleres de poesía.