quién dijo que era fácil

Audre Lorde

Buenos Aires - 2019

180 páginas, 21 x 14

ISBN 978-987-3760-94-5

Selección y traducción

Gabriela Raya y María Eugenia Soler

Ahora

El poder de las mujeres

es

Poder negro

es

poder humano

es sentir siempre

que mi corazón late

cuando mis ojos se abren

cuando mis manos se mueven

cuando mi boca habla

Yo estoy

¿están

Listas?

Sobrevivir a la liberación: por qué necesitamos la poesía de Audre Lorde, Prólogo de Barbara Gudaitis.

La poesía no es un lujo

Una ola morada y verde recorre el mundo: la ola del feminismo. Se expresa en formas de arte, en grupos de estudio y hasta en batallones armados como el de las mujeres kurdas. También se expresa en palabras que nos descubren nuevas relaciones, nuevas formas de estar en el mundo y nuevos afectos como sororidad. O redefinen formas de no estar en él, como travesticidio.  Manifestaciones, referendos, redes sociales y mateadas, charlas con nuestras amigas y nuestras madres, nuestras parejas dan testimonio de que la necesidad de arraigarse en el mundo de forma distinta encontró un cauce y un torrente compartido.

¿Pero es justo hablar de “El” feminismo? ¿Y qué quiere decir hablar de “los” feminismos? Por momentos pareciera que se trata de una suerte de góndola de identidades de la que cada una puede tomar la que le resulte menos inconveniente, y pareciera que hay productos disponibles para cualquiera que pueda pagar. ¿Cómo evitar que el mercado recapture nuestros cuerpos en lucha y los redefina como mercancías de la identidad? ¿Y qué tiene que ver la poesía en todo esto?

Para las mujeres, la poesía no es un lujo. Es una necesidad vital de nuestra existencia. Define la calidad de la luz bajo la que formulamos nuestras esperanzas y sueños de supervivencia y cambio, que se plasman primero en palabras, después en ideas y, por fin, en una acción más tangible. La poesía es el medio por el que nombramos lo que no tiene nombre para poder pensarlo. Los horizontes más amplios de nuestras esperanzas y miedos están empedrados en nuestros poemas, tallados en la roca de las experiencias cotidianas.

Audre Lorde tuvo tres nombres: Audrey, Audre y Gamba Adisa. El primero lo recibió de sus padres, en 1934. El segundo se lo dio a sí misma en su infancia, por amor a la simetría y a la aliteración. El tercero se lo dio en el lecho de muerte, en 1992, y quiere decir “la guerrera que se hace escuchar”. Un nombre ganado justamente: tanto se hizo escuchar que contribuyó a gestar a una ola entera del feminismo, el feminismo interseccional, el que vivimos hoy. Antes de que existiera esa palabra, la voz de Lorde se alzaba para demostrar que racismo, homofobia y patriarcado van de la mano. Con sus ensayos, su poesía y su militancia docente, Lorde creó un lenguaje para expresar, compartir y agrupar las experiencias de miles de mujeres que no encontraban en el feminismo de su época ningún lenguaje que las representara, porque ese feminismo denunciaba el agobio de una vida de ama de casa a la que ellas jamás podrían acceder.

¿Hasta qué extremo resulta tan radicalmente ajeno e imposible reclamar un cuarto propio si ni siquiera se puede salir del hacinamiento de un cuarto alquilado para toda una familia, donde muchas veces ni siquiera hay una cama propia, muchos menos una habitación entera? Si el encierro del ama de casa la reduce al silencio de una cosa que solo importa mientras cumpla su función, ¿qué arquitectura expresa a la mujer del servicio, la doméstica, que lo es precisamente porque no tiene un domus del que disponer?

¿Y por qué coinciden siempre, tan sistemáticamente, pobreza y piel? Si la vida del ama de casa se encuentra sujeta a la de su marido, ¿qué hay de las mujeres que no maridan con varones? ¿Y qué relación de intimidad se puede ofrecer a las mujeres que una no necesariamente ama? Patriarcado, racismo, clasismo y lesbofobia son los dedos de un mismo puño y asestan juntos un solo golpe.

Las palabras para formular estas experiencias comienzan a aparecer con timidez pero con fuerza creciente en el contexto latinoamericano. Lorde venía buscándolas en su poesía y en sus ensayos desde hace ya sesenta años. Si la estrategia más efectiva de la dominación es robarnos de nuestra historia, re/encontrarnos con la poesía de Lorde reviste una doble importancia no solo porque nos ofrece una mirada más justa y más completa sobre el mundo, sino también porque nos permite acceder al peso de nuestra propia historia, un peso necesario para hacer pie, para anclar nuestras vidas en una secuencia compartida, para romper el cerco de la ahistoricidad y aislamiento al que nos confinan las distintas formas de opresión.

En el mundo hispanohablante, sus ensayos y discursos, recogidos en La hermana, la extranjera, circulan desde hace tiempo, en especial en ámbitos de formación feminista, de la mano del activismo lesbiano e interseccional. Pero sin la lectura de su poesía, ese acercamiento, aún si necesario, solo puede ser mutilado y parcial. La falta de traducciones (y quizás también por la lógica de parcelas del campo literario) ha impedido el cotejo complementario entre su pensamiento filosófico y su poesía, algo que este volumen busca remediar, aunque sea parcialmente.

Esta traducción, que hasta el momento es la única edición de sus poemas en nuestra lengua, nos ofrece una pieza clave del proyecto político de Lorde, en el que la poesía juega un rol esencial. La selección de poemas recogidos podría recorrerse de la mano de los tres nombres de Lorde: Audrey, el nombre abandonado de la hija abandonada que lucha contra el dolor y el desamor, de tono intimista e introspectivo; Audre, el de la mujer que se da nacimiento a sí misma, y reencauza ese dolor hacia nuevas formas del amor; Gamba Adisa, el de la guerrera cuya arma son los nombres, con los que revela la injusticia y hace nacer a otras en su lenguaje.

Hija de dos inmigrantes afrocaribeños, Audre(y) creció en un ambiente signado por la Gran Depresión, la segregación, el aislamiento y el desamor. Casi invidente desde muy temprana edad, Lorde era además casi invisible para el resto de su familia, en especial para su madre, cuya piel clara era fuente de orgullo porque le permitía “pasar” por latina (lo que implica que en determinados contextos, la madre de Lorde podía elegir no ser “negra”).

Contra todo pronóstico, Lorde no sucumbió al ostracismo sino que forjó relaciones de intimidad con otras mujeres, sus amigas de la infancia. Entre ellas se destaca Genevieve, su amiga más cercana de la adolescencia (posiblemente su primer amor), que se suicidó antes de cumplir veinte años. Las figuras de Genevieve y de su madre marcan un contrapunto en su poesía temprana entre la necesidad de deshacerse de una herencia horrorífica y paralizante, y el dolor por un amor profundo que se ha perdido; en la distancia que va del peligro de aniquilación (de jamás haber existido) al duelo de una muerte como instancia que posibilita la transformación.

Cansada de soportar la violencia racista, homofóbica y misógina que inundaba las raíces de su familia, Lorde cortó lazos y comenzó a buscar desde muy joven otras formas de comunidad que no le exigieran mutilar partes de su propia existencia para encajar en sus estándares. Finalmente, tuvo que inventarla.

(…)

TRES POEMAS DE AUDRE LORDE, en Eterna Cadencia blog

Traducida por primera vez al español

TRES POEMAS DE AUDRE LORDE

Tomados del libro Quién dijo que era fácil (Zindo & Gafuri), antología que incluye poemas escritos en la adolescencia hasta fines de los años 80 de la escritora afroamericana, activista y feminista nacida en Harlem en 1934.  

Audre Geraldine Lorde (1934-1992) fue una poeta, ensayista y oradora afroaestadounidense feminista, lesbiana e incansable activista por los derechos civiles. Graduada en literatura y filosofía, Lorde fue también docente universitaria, bibliotecóloga y madre de dos niños. Durante toda su vida asumió su poesía como una forma de exploración de todas esas identidades pero también como modo de expresar en forma radical su lucha contra la homofobia, el machismo, el racismo, el clasismo y demás injusticias sociales que destacan en su obra como ejes temáticos característicos. Fue cofundadora de la editorial de mujeres negras The Kitchen Table y codirectora del periódico lésbico Chrysalis; dueña de un poderoso magnetismo y una fuerza avasallante, su militancia feminista inspiró a muchas generaciones y aún lo sigue haciendo. Poco antes de su muerte, durante una ceremonia africana de bautismo, Lorde tomó el nombre de Gamba Adisa, que quiere decir: “Guerrera: la que se hace comprender”.

Tomados del libro Quién dijo que era fácil (Zindo & Gafuri) con traducciones de María Eugenia Soler y Gabriela Raya, tres poemas a contiuación:

Eco

 

Me escucho

atrapada en la sequía                      suplicando

al viento

seco como la tierra sin lluvia

llorando amor

en una lengua de falso trueno

mientras mi amor espera

uan trampa sembrada

en la puerta de mi casa

una boca llena de dientes perfectos

seguros de su fuerza sobre el hueso

espera

para tragarme entera

y atravesarme

como ecos de risas sin sombras.

 

Un amor           silencioso cuelga

en la puerta de mi casa

una sábana de seda y ladrillos

rasgada en el sol.

 

 

 

 

 

Las abejas

 

En la calle afuera del colegio

lo que los chicos aprenden

los posee.

 

Tres chicos gritan y tiran piedras

a un enjambre de abejas   atrapado

entre la ventana del comedor y una chimenea

las piedras furiosas raspan el metal.

 

Las abejas están distantes   y lentas

para defenderse. Pican a un chico y se

acelera la destrucción.

 

Llegan los guardias escolares con

largos palos en la mano

avanzan hacia la colmena

rompen las ya casi terminadas

celdas de cera   miel fresca

gotea de los palos de escoba

pequeños pies   se convierten

en expertos en pisotear las abejas que caen como lluvia

en el pavimento.

 

Curiosas y apartadas   las chicas

miran con fascinación   aprenden

lecciones secretas   una pisa

lo que queda del zumbido débil 

para curiosear el rincón vacío

«¡Podríamos haber estudiado cómo hacer miel!»

intenta comprender

su propia destrucción.

 

 

 

 

 

Quién dijo que era fácil

 

Tiene tantas raíces el árbol de la rabia

que a veces las ramas se quiebran

antes de dar frutos.

 

Sentadas en Nedicks

las mujeres se jutnan antes de marchar

hablan sobre las chicas problemáticas

que contratan para ser libres.

Un empleado casi blanco ignora

a un hermano que espera para atenderlas primero

y las damas no se dan cuenta i rechazan

los pequeños placeres de su esclavitud.

 

Pero yo que estoy limitada por mi espejo

como por mi cama

veo la causa en el color

como también en el sexo.

 

y me siento acá preguntándome

cuál de mis yoes sobrevivirá

a todas estas liberaciones.

 

AUDRE LORDE, por Martín Machione para LA LIBRE blog

Esta vez es el turno de “Quién dijo que era fácil” de Audre Lorde, editado por Zindo y Gafuri.

Uno de los primeros rasgos que noté en este libro de poemas de Audre Lorde es la fuerte presencia del otro. Últimamente, abundan poetas que gustan hablar de sí, de los detalles de su cotidianidad, de las esperanzas y de las desilusiones de su ego. Al leer a Lorde, al sentir su contraste, recuperé esa forma de felicidad que puede ser la poesía.

La literatura es una forma de acceso a la realidad. Lorde parece querer decirnos a través de sus poemas que la realidad está hecha de relaciones, que las cosas son lo que son en base a sus relaciones. Parece querer decirnos que nadie puede pensarse sino en relación a los otros. 

Cada poema de Lorde es una manera de entender los vínculos. Una de las operaciones fundamentales de la literatura es la de modificar la percepción de lo real; es un acierto que Lorde centrara esa operación en la manera en que entendemos nuestros vínculos.

La conciencia es una forma de existir difícil y misteriosa. Puede ser de muchas maneras, que por lo general nos engañan. La de Lorde parece no engañarse y parece haber sido trabajada por una sólida voluntad. Esta conciencia y esta voluntad son, me parece, el origen de sus poemas. 

Poder ver nuestras relaciones desde una conciencia que no se engaña tal vez equivalga a conocer todo lo que podemos conocer de este mundo y debe de ser la única forma real que tenemos de transformar nuestras vidas. En este sentido, y si esto es así, la poesía de Lorde contribuye en gran medida a ambas cosas.

Podríamos preguntarnos por qué en los poemas de Lorde la presencia del otro es tan intensa. Esa pregunta puede responderse con otra pregunta: ¿No es la poesía un diálogo perdido que se quiere recuperar? Me parece que la virtud y el valor de los poemas de Lorde residen en esa hipótesis desde la cual parece escribir. Este es uno de los eficaces resultados de esa hipótesis: “Si te acercás tranquilamente / como el viento entre los árboles / podrás escuchar lo que escucho / ver lo que la melancolía ve (…) Pero podremos sentarnos tranquilas acá / bajo dos años diferentes / y la rica tierra entre nosotras / beberá nuestras lágrimas”.

Cuando en el poema que leemos no hay un otro explícito, el lector siente sin embargo que el poema intenta también ser un diálogo. Es que no hay poema de Lorde que no intente serlo, si no con alguien nombrado, con el mismo lector.

Efectivamente, la poesía de Lorde puede ser entendida como un diálogo con su memoria, con sus lectores, con lo que han hecho de ella, con lo que ella hizo de lo que han hecho de ella, con los que han hecho de ella lo que ella transformó.

También podríamos entender su poesía como una poesía de la identidad. Decimos también, pero el diálogo es uno de los elementos, y acaso el fundamental, con que la identidad se construye. Leamos estos versos del poema Señorita:

 

Una vez fui inmortal

al lado de un océano

teniendo los nombres de la noche

y vinieron los primeros hombres

en trineos de fuego

conduciendo el sol

(…)

El tiempo llevó a la luna

hacia el cuarto creciente

y me encontraron

mortal

al lado de un cráter lunar

susurrando

los nombres oceánicos de la noche.

 

Leamos, ahora, estos del poema Origen:

 

¿Es esto un nacimiento                               o un exorcismo?

O los primeros engranajes del ser

Delineando, recordando

El mandato de mi padre

Lo que debo ser

Y ocupándome de mi propio

Mandato.

 

Tendré que separarme                                o cortarme

Por la forma o la falta de

Forma de la palabra

Y en qué dirección

Se hará el corte

Para mostrar mi verdadero rostro

Que yace expuesto y unido.

 

Mis hijos                             tus hijos

Sus hijos

Todos inclinados

Ante nuestro mandato común.

 

Esta poesía puede ser el intento de recuperar un diálogo perdido, o, también, el intento de recuperar una identidad perdida. O, mejor aun, esta poesía puede ser un diálogo que se crea para fundar una nueva identidad. Por lo menos, esa es la impresión que me dejan estos poemas. Por lo demás, esto que decimos es algo que Lorde ya sabía. Uno de sus ensayos de La hermana, la extranjera se titula “La poesía no es un lujo”; uno de sus libros, autobiográfico, se llama “Otra manera de nombrarme”. 

Ahora bien, hasta aquí descubrimos en la poesía de Lorde la forma de un diálogo y la forma de una identidad. Estos pasos conscientes que da Lorde a través de sus poemas, son inconscientes pasos que todos damos y que también nos configuran. El siguiente paso que da Lorde, que en nuestro mundo directamente está perdido, es el de descubrir en la identidad y en el diálogo la ideología de toda una sociedad y de toda una época. Por ello, finalmente, los poemas de este libro tienen un giro que le da a su conjunto una forma colectiva. Luego de unos cuantos versos que buscan al otro e indagan el propio espíritu, encontramos poemas explícitamente sociales (todo poema, implícita o explícitamente, lo es), en los que la mujer negra y su comunidad se vuelven protagonistas de la historia. Inevitable y felizmente, se promueve una revolución. El sentido de esa revolución se expandiría cada vez más si todos indagáramos nuestras raíces culturales y el sentido heredado de nuestros actos; si todos, en definitiva, hiciéramos el mismo camino que Lorde trazó con su poesía. He aquí, querido lector, el sentido de promover este libro.

lalibrearteylibros/Reseñas breves #17

 

Audre Lorde

Audre Geraldine Lorde (1934-1992) fue una poeta, ensayista y oradora afroaestadounidense feminista, lesbiana e incansable activista por los derechos civiles.  Quién dijo que era fácil es una antología que incluye poemas escritos en la adolescencia hasta fines de los años 80.  Hasta la presente edición, toda su obra poética permanecía inédita en español.